Jugó dos partidos en aquella Liga, dos oportunidades que le llegaron tras sendas expulsiones de Songo’o en una campaña en la que parecía que tenía opciones de titularidad porque su pasaporte extracomunitario ya no condicionaba su alineación como en cursos anteriores. Pero Irureta no acabó de confiar en Petr Kouba (Praga, 1969), que se había dado a conocer en la Eurocopa de 1996. Tras ella llegó al Deportivo, como subcampeón continental. Pero pasó de puntillas por el club, seis partidos jugados en cinco años y dos cesiones por medio.
Bajo palos era sobrio, con excelentes reflejos. Bien valorado en el club por su carácter afable y trabajador, amagó con buscar una salida en el verano de 1999, pero se quedó para competir sin éxito por la titularidad con Songo’o.
En 1998 la selección sub21 de España fue campeona de Europa. En la final dejó atrás a Grecia y mostró al mundo una generación de jugadores entre la que destacaban tipos como Valerón o Guti. El máximo goleador del torneo y autor del tanto del triunfo en la final fue Iván Pérez Muñoz (Getafe, 1976), así que todo apuntaba a que se iba a quitar la etiqueta de hermano de Alfonso, uno de los mejores delanteros españoles de la época.
Iván, crecido en la cantera madridista, jugaba entonces en el Betis, donde era habitual suplente. Acabaron por traspasarlo al Girondins, donde recaló medio año y ganó la liga gala. Le fichó el Deportivo por 600 millones de pesetas y le ofreció un contrato de cinco años, pero apenas disfrutó de minutos como blanquiazul.
Interior o lateral izquierdo que también podía alinearse por el otro costado, José Manuel Menéndez (Avilés, 1971) pasó de puntillas por el Deportivo, al que llegó ya con bastante experiencia, 28 años y el bagaje de la capitanía en el Real Oviedo. “Es un gran jugador de equipo”, le presentó Lendoiro en la sede de la Plaza de Pontevedra. Fue una oportunidad de mercado porque llegó con la carta de libertad bajo el brazo e Irureta tenía la voluntad de darle vuelo. Pero tras participar en tres de las cuatro primeras jornadas prácticamente se quedó en la reserva. Completó el curso y salió cedido a Numancia y Tenerife donde sí dispuso de minutos.
Manel jugó 234 partidos en Primera División, apenas seis con el Deportivo. Pero su paso por el club blanquiazul no se olvida. “Ganar la Liga fue el mejor momento de mi carrera. Tuve la suerte de formar parte de una plantilla excepcional que ganó el campeonato con todo merecimiento. Era una locura de plantel”. Y ahora como entrenador en activo, al frente del Marino de Luanco valora lo que ocurrió. “Cuando estás en activo piensas que debes jugar más, pero ahora piensas en la gente que tenía delante y entiendes que ellos jugasen más”, explica.
Una grave lesión de tobillo marcó el paso de Luis Miguel Ramis (Tarragona, 1970) por el Deportivo. Sucedió en noviembre de 1998 cuando era indiscutible en el eje de la zaga para Irureta. Se marcó el objetivo de regresar antes de que finalizase la temporada y jugó los dos últimos partidos, pero Irureta ya no volvió a percibir que tuviese el mismo nivel de antes y apenas volvió a contar. Sucedió además que dos de las oportunidades llegaron fuera de casa, en sendas salidas a Zaragoza y Vitoria que acabaron con derrota, también en la eliminación copera ante Osasuna. Y ya no hubo espacio para Ramis, zaguero longilíneo al que quizás le faltaba un punto de fiereza, pero que tenía buen trato de balón y excelente juego aéreo. Por lo demás un tipo con peso en el vestuario.
Ramis fue un ejemplo de como a Augusto César Lendoiro le gustaba pescar en equipos que perdían la categoría. Lo reclutó tras el descenso del Sevilla en 1997, equipo al que llegó en la operación de traspaso de Suker al Madrid, antes ya había abaratado el traspaso de Redondo desde el Tenerife, destino donde ofreció buen rendimiento. En la casa blanca había conseguido dar el salto desde el filial, al que había llegado procedente del Nàstic. Tras irse del Deportivo no llegó al nivel de sus mejores días.
Interior o lateral derecho que había firmado una buena temporada cuando el Sporting lo cedió al Mallorca que ascendió a Primera tras superar al Rayo en la promoción. José Manuel Colmenero (Gijón, 1973) regresó a casa para descender con el peor Sporting de la historia, pero tenía cartel. El Deportivo le ganó la pugna al Celta para incorporarlo, pero en el mercado de invierno salió cedido al Compostela.
Cumplía su segunda etapa en el club José Ramón González Pérez (Carreira, 1968), abanderado del espíritu del 88 que sacó al Deportivo de la longa noite. Interior de buen pie y con llegada, aunque el siempre se sintió mediocentro, se quedó sin dorsal en septiembre y lo recuperó en enero cuando José Manuel salió cedido. “Vuelvo con la ilusión de un niño”, explicó. Pero no tuvo minutos para mostrarse.
La avioneta de Casablanca le llamaban a Salaheddine Bassir (Casablanca, 1972), pero en el Deportivo jamás despegó y fue de poco a menos, sin minutos en la Liga y con apenas participación en la ida contra el Panathinaikos en Riazor. Era un delantero con una cierta habilidad y un aire mustio. Tenía gol (27 en 59 internacionalidades con Marruecos), pero no lo mostró en A Coruña.
Cuando le fichó el Deportivo ya había sido internacional en dos ocasiones, Fernando Sánchez Cipitria (Madrid, 1971). Le llamó Clemente en la curiosa búsqueda de zurdos que hacía el vasco con tal de no contar con Fran, el mejor interior zurdo del momento. El Dépor le fichó en el cierre de mercado ante la insistencia de Irureta ante la lesión de Fran. Aportó fuerza y pegada. Jugó más al inicio del curso.