Menú
El Ideal Gallego Diario de Ferrol Diario de Arousa
YouTube Twitter Newsletter Instagram Facebook

Los Juegos más tristes

|

Anuncia TVE que mañana viernes empiezan los Juegos Olímpicos más esperados. Es comprensible que la televisión que va a retransmitirlos trate de insuflar un poco de entusiasmo a estos juegos tan devaluados. La realidad es bien distinta al optimismo televisivo.


Lo cierto es que muchos deportistas han tenido que reprogramar sus entrenamientos para esta cita –en muchos casos se trata de una oportunidad única en su vida–, van a competir con las gradas vacías, circunstancia que entristece la versión más conocida de las Olimpiadas.


Los atletas deberán someterse a un férreo control para evitar la propagación del virus en la Villa Olímpica. A pocos días de la inauguración se han detectado media docena de positivos que han obligado a los deportistas a renunciar a su participación. Los posibles contagios de la variable Delta –sobre todo entre los jóvenes olímpicos–, anticipa que se produzcan nuevos positivos que añadan más incertidumbre a la celebración de los Juegos.


El propio país organizador admite que esta edición la sienten como una obligación a la que deben de hacer frente por compromiso, muy apartada de la euforia que causó la elección de Tokio como sede olímpica.

Crece también la oposición popular en Japón por la imposición de unas medidas de emergencia –encaminadas a evitar los contagios de la Covid-19– que trastocan la pacífica convivencia social en el país del sol naciente.


Además, a la previsible ruina económica que depararán estos Juegos, se ha añadido la retirada a última hora de Toyota como uno de los patrocinadores principales del evento. Unas olimpiadas sin público son un escenario poco o nada atractivo para las firmas comerciales. Queda pues seguir la competición por la televisión y medios digitales, un seguimiento que se verá entorpecido por la diferencia horaria entre Japón y Europa (siete horas de diferencia).


Pese a todos estos inconvenientes hay que agradecer que continúe viva la llama olímpica a la cita que congrega a los mejores atletas del mundo cada cuatro años y que únicamente fue suspendida durante la Segunda Guerra Europea. Citius, Altius, Fortius.

Los Juegos más tristes