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Pobre deporte español

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Tenemos unos dirigentes con muy poca estima al deporte. Solo se acuerdan de él para sacarle rendimiento político. Me lo ratifica el nombramiento, el pasado sábado, del nuevo ministro. Que Miquel Iceta sea el máximo responsable de nuestra actividad deportiva a nivel nacional, me produce profunda hilaridad. Entiendo que si se hiciese un casting para localizar a alguien menos preparado, sería imposible dar con él. Pedro Sánchez, Presidente, debió verlo bailar y se dijo: “Este es mi hombre para dar “salsa” al deporte español”. Lo malo es que lo hizo en un momento de shock anafiláctico. ¿No habrá en las filas del partido socialista gente preparada para acometer tal fin?. Particularmente intuyo que este movimiento viene producido para que siga riéndole las gracias al señor Tebas. De eso Iceta es un maestro.

Cambio de tercio. Es claro que la NBA representa todo un icono de la competición. Un ejemplo de organización comercial utilizando el espectáculo que propone el baloncesto. La liberalización y gestión que se utiliza en los EE.UU., permite “movimientos” que en cualquier otro país, por sus características institucionales, les resultaría realmente difícil de sacar adelante.

Todo resulta encadenado para ofrecer un espectáculo de alto nivel, con la idea de ser económicamente rentable, en una o varias direcciones. Pero esa libertad para la gestión, conlleva una serie de parámetros deportivos rupturistas con la práctica habitual del deporte a nivel mundial. La propuesta: “Nosotros les pagamos adecuadamente, ustedes hagan lo que quieran, pero rindan al máximo cuando lleguen al “parquet”, genera divergencias interpretativas en cuanto se unifican las competiciones, casos de mundiales u olimpiadas.

Dejando al margen la participación arbitral, ausentándose en muchos casos de aplicar rigurosidad en la interpretación de señalizaciones, queda siempre la duda conceptual del “doping”.

Estos días saltaba a la palestra la implicación “indirecta” de determinados jugadores de los llamados “grandes”, en actuaciones con la marihuana. Nada se concretó, pero ver declaraciones de Kevin Durant, solicitando la liberalización del “producto”, o el reciente incidente en París de Harden, entremezclado con personal que poseía sustancias estupefacientes, dan que pensar. Cada uno juega sus cartas, pero particularmente no me gusta nada que no se compita en igualdad de condiciones, cuando se trata de utilizarlas para plantearse un “juego limpio”. El montaje está abierto y el “concierto” sigue.

Finalizo. Se dio el pistoletazo de salida para este nuevo Deportivo. Leía estos días: “El Depor garantiza experiencia y calidad en la categoría como base del proyecto del ascenso a Segunda División”. Mejor exposición de intenciones imposible. Solo queda llevarlo a la práctica. Mientras, por el medio, entra el protagonismo de un ERE. Tal y como está la cuestión, a nadie le puede extrañar. En la “urbana 8” están muy preparados para gestionar tales medidas. Todo sea por salvar a la entidad.

Como siempre un placer.

Como siempre un placer.

Pobre deporte español