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Monaghan: “Entendí que si no defiendo me voy al banquillo”

El ‘22’ del Básquet Coruña, en el último partido de fase regular contra el Castelló | Quintana
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Zachary Michael Monaghan (1 de diciembre de 1992, Palatine – Illinois) es Zach, el Mago del Básquet Coruña. Cuando atiende el teléfono se disculpa por la espera, son días muy ajetreados, pero luego se enrolla casi media hora y se pasa al inglés cuando quiere utilizar una palabra que no conoce en castellano. Habla de baloncesto, una pasión de niño que ha convertido en su profesión, y sueña con la ACB: “Si ascendemos se va a montar una fiesta grandísima en las calles”.

Primero, el Básquet Coruña debe superar la eliminatoria de semifinales contra el Fundación CB Granada. Mañana se disputa el primer partido en la ciudad nazarí (21 horas) y el sábado, el segundo, a las 18.30 en el Palacio de los Deportes de Riazor. En caso de necesitar un tercero, la serie volvería a Andalucía el miércoles 9. 


Zach fue el gran protagonista de la última victoria en Oviedo, con una canasta ganadora a sólo dos segundos del final. “El baloncesto es read&react (leer y reaccionar)”, define. “Al principio sólo pensaba en Osva (Matulionis) y en Dago (Peña), que estaban en las esquinas, pero cuando llegó Javi (Vega) se abrió una ventana y vi a Kabasélé. Sé cómo salta y por eso necesité un poco de arco en el tiro. El resto fue cosa de Jesús”, recuerda.



No es la primera vez que Monaghan decide un partido en los instantes finales. “Siempre me han gustado esos momentos desde niño. En ocasiones el baloncesto es así de bonito, pero otras veces no entra, como contra el Castelló, que tuve tres y no metí ninguna. Mi vida va a seguir igual si la pelota no entra, sólo un poco más jodido, pero mentalmente tengo que ser fuerte esperando la siguiente”, arguye.


El Básquet Coruña ganó por vez primera en Oviedo y nada más acabar el partido los jugadores se abrazaron sobre la pista de Pumarín: “Somos como una familia, la familia naranja. El baloncesto es un deporte de equipo y es una maravilla trabajar y disfrutar con ellos cada día”, celebra Zach, que refuerza la idea de juego colectivo de Sergio García.

Mi vida va a seguir igual si la pelota no entra, sólo un poco más jodido

“Hay partidos en los que hago 17 tiros y en otros sólo lanzo tres. Cuando tienes tantos jugadores de talento (nombra a toda la plantilla, uno por uno) hay buenas opciones para cada momento. Nuestros directivos y entrenadores han construido un equipo de nivel altísimo. Y es un trabajo de scouting que hacen Román (Gómez), Charly (Uzal) y el míster para decidir cómo atacar a cada defensa”, analiza.


Monaghan se aplica en defensa porque así se lo exige su técnico: “Me permite mucha libertad en ataque, pero desde el primer día entendí que si no defiendo voy a ver los partidos desde el banquillo. Él tiene su sistema y fuciona: estamos entre los tres mejores equipos en todas las estadísticas defensivas”, subraya.

Antes sólo pensaba en ganar más dinero, ahora en dar lo máximo por el equipo

Escolta de perfil anotador, el estadounidense ejerce de director de juego desde la lesión de Peciukevicius: “En mis primeros años sólo pensaba en hacer números, puntos o asistencias, para ganar más dinero en mis contratos. Ahora sólo pienso en dar lo máximo para ayudar al equipo cada vez que Sergio dice mi nombre”.


Zach vivió en la pista las únicas semifinales del Básquet Coruña por el ascenso. Fueron hace cinco años contra el Melilla y el conjunto coruñés cayó en el quinto partido. “¿Cómo no me voy a acordar? Todavía hablo con Joan Creus, Ángel (Hernández) y Sergio (Olmos)… Fueron unos playoffs muy bonitos para nosotros y para la afición, con el Palacio lleno. Tendremos esos frames (fotogramas) para toda la vida”, rememora el estadounidense.

Cuando llegué en 2015 pensé que venía a México, soy malísimo en geografía

Dago Peña y Gediminas Zyle son los otros dos veteranos de la plantilla que disputaron aquella eliminatoria. “Son como hermanos para mí. Con Zyle viví mi primer año aquí y ahora no está pasando un buen momento (no ha jugado en los playoffs por lesión)”, lamenta.


Monaghan cumple su quinta temporada en tres etapas diferentes como jugador del Básquet Coruña y esta misma campaña superó los 150 partidos con la camiseta naranja. “Cuando llegué aquí en 2015 pensaba que venía a México, soy malísimo en geografía (se ríe). Enseguida me di cuenta que esto es muy diferente y la comida es mejor. La ciudad es una maravilla: salir del pabellón y ver la playa de Riazor al otro lado de la calle es algo único”, reconoce.


Embajador de A Coruña en su país –“Se lo digo a todos en Chicago: necesitas ir a Coruña una vez en la vida”, confiesa–, se tatuó la Torre de Hércules en el bíceps de su brazo derecho: “Cuando tenía 22 años quería tatuarme algo de cada ciudad en la que jugase. Quería ir a muchos sitios y países, pero A Coruña es ahora mi ciudad. Y no había un símbolo mejor”.


Seguidor de la NBA –“Sólo puedo verla cuando entrenamos por las tardes”, matiza– y de la MLB, Zach comparte apodo con su jugador favorito de béisbol: el puertorriqueño Javier Báez, de los Chicago Cubs. “Cuando leo que me llamáis el Mago, como a él, sonrío mucho. Algún día quiero sacarme una foto con él para contárselo”.

Cuando habla de NBA cita a Michael Jordan, Allen Iverson, Chauncey Billups, Jason Williams, Baron Davis y Steve Nash. Y se acuerda de los Sacramento Kings de los 2000 y de los Golden State Warriors del We Believe. Equipos y jugadores especiales. No podía ser de otra forma. 

Monaghan: “Entendí que si no defiendo me voy al banquillo”