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La desaparición

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Érase una vez hace no mucho tiempo una entidad bancaria que se brindó abiertamente a ayudar a un equipo de fútbol que tenía una deuda muy grande. Esa misma deuda le impedía tener un futuro claro debido a las obligaciones que los pagos forzaban a dicha entidad. Los miembros que componían la sociedad (y su capital social) no veían otra manera de salvar la sociedad que dejándola incondicionalmente en manos de ese banco. Y ese banco, con la satisfacción de todos, anunció a bombo y platillo su irrupción en la sociedad y garantizó su presente y su futuro, obteniendo el beneplácito de los que se convertían ya entonces en meros espectadores del devenir de la entidad “intervenida”.


Pero poco dura la satisfacción en casa del pobre y esa misma entidad salvadora avisó públicamente que mostraba su predisposición a deshacerse del equipo de fútbol (en el que llevaba meses) y ofrecérselo al mejor postor (o al peor, vaya usted a saber). El caso es que las pérdidas emanadas de esa entidad deportiva son tan grandes que ese banco apenas ha podido rebajarlas en el tiempo que lleva gestionándola.


A todo ello, el mal papel deportivo que el club ha hecho en su competición también influyó a la hora de que el banco tomase esa decisión, que ha hecho pública ahora para ir abonando el terreno para lo que pueda venir. En el banco se contaba con el ascenso porque no es lo mismo una categoría que otra, pero al no ocurrir así las expectativas económicas se han visto defraudadas a corto plazo; las deportivas no cuentan para estas empresas que sólo se mueven por dinero, aunque en estos ambientes los sentimientos también están a flor de piel.


¿Qué pueden pensar ahora los aficionados de su “salvador”? Ahora quizá alguien pueda pensar que el objetivo no era salvar al club sino hacer negocio a costa de él. Porque ni en el fútbol ni en ninguna otra actividad de la vida se dan “duros a cuatro pesetas”, como se decía antes.


Ahora, como no sabemos cuál es el futuro que los propietarios de esa entidad buscarán para el club, habría que hacer lo posible para que estos amigos sólo del dinero lo dejen en las mejores manos (o, por lo menos, no en las peores), con el fin de evitar ahora sí la definitiva desaparición. Sería un gran servicio al club y a la ciudad.

La desaparición