sábado 06.06.2020

Luisito

Hace ya muchos años que lo conocí en el fragor de la batalla deportiva. Podría definirlo de muchas formas, pero me decanto por una: honesto. Pasó el tiempo y el contacto directo se perdió, lo mantengo a través de los medios, pero observo que poco cambió desde aquella época, tal vez más pragmático, más sereno.

Se va Luisito del Deportivo, acaba contrato y no entra en los planes de los actuales gestores. Tal vez ahora incorporen para el Fabril a otros… Parralo, Pellicer, etc. En su elegante despedida echa en falta el contacto directo con su presidente y con Fernando Vázquez. Curtido en mil batallas, sabe que la vida futbolística es así, pocas veces la elegancia y las buenas formas funcionan adecuadamente. Es más fácil delegar y sacarse el “muerto” de encima. Seguro que a Luisito no le faltará gente que confíe en él. Se lo merece, buen tipo.

Cambio de tercio y me sumerjo en el barrizal social. Paralelamente a la terrible vivencia que nos está haciendo vivir el COVID19 en el aspecto sanitario-social, hay una cuestión que me preocupa profundamente: ¿Nuestros responsables políticos-sociales están capacitados para sacarnos de la mejor manera hacia delante?. Lo que veo me asusta.

Permítanme utilizar la base del principio de incompetencia de Peter para su desarrollo: “Las personas que realizan bien su trabajo son promocionadas a puestos de mayor responsabilidad, a  tal punto que llegan a un puesto en el que no pueden formular los objetivos de trabajo y alcanzan su máximo nivel de incompetencia”.

En este periodo transcurrido de pandemia, hemos sufrido un reguero de personajes que hicieron de este principio su plan de actuación. Tema que podríamos debatir largo y tendido.

Pero estas líneas van dedicadas al mundo del deporte y por lo tanto debo moralmente ceñirme a ello. Semana tras semana vengo reclamando a los dirigentes deportivos celeridad en la toma de decisiones para avanzar en la reconstrucción y relanzar la actividad antes de que degenere en desaparición. Pero veo que hacemos agua en muchas líneas de flotación.

Me gusta mirar para adelante, pero no siempre lo consigo y les voy a decir porqué. La pasada semana caía en mis manos una entrevista que se le hacía a la actual responsable del deporte santiagués, la exatleta Esther Pedrosa. El titular del contacto periodístico era el siguiente: “A día de hoy, a mí lo que menos me preocupa es el deporte, sinceramente”.

Menuda perla, pero no acaba ahí la cuestión… “Este año, a nivel deportivo, yo ya lo doy prácticamente por perdido, creo que va a ser un año de transición, de adaptación a todas las necesidades que marque sanidad y que la vuelta va a ser muy, muy, muy lenta”, “Las federaciones no se atreven a aventurar nada por lo que nosotros tampoco”, “El Concello será el último “mono” para decidir cosas”.

Tras leer todo esto... ¿qué pensarán los pobres deportistas, entrenadores y directivos, que están luchando a brazo partido para que todo pueda mantener su rumbo, para poder sobrevivir?.

La verdad es que no salgo de mi asombro. Pobre deporte de Compostela. Ahora se dirá que no se quería decir eso, que se malinterpreta, pero dicho y escrito está y es para echarse a temblar y por lo tanto la pregunta me vuelve a surgir: ¿En qué manos estamos para la reconstrucción?

Mientras sepárense lo más posible, es lo más recomendable. 

Como siempre un placer

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