viernes 27/11/20

El día en que odié a Fernando Vázquez

La temporada 1995-96 se iniciaba para el RC Deportivo con muchas ilusiones y con la sensación de que se iba a hacer algo grande. Veníamos de 3 temporadas en todo lo alto, de ganar la Copa del Rey y pelear por la Liga hasta la penúltima jornada, de acabar la liga ganando 5-0 al Logroñés y 2-8 al Albacete. Y empezábamos la pretemporada ganando 7-0 nada menos que al Bayern, ganando el Teresa Herrera al Real Madrid. Y luego la Supercopa. Otro título para nuestras vitrinas ganando claramente al Madrid por 3-0 en Riazor y repitiendo victoria 1-2 en el Bernabéu. Y, por descontado, unos fichajes iusionantes: Martín Vázquez, jugador de excelente toque procedente del  Real Madrid y que desgraciadamente se lesionó en un amistoso ese verano en Oporto, Txiki Beguiristáin del Barcelona, Radchenko, que venía de golear en el Racing y un prometedor centrocampista llamado Milovanovic. A todos ellos le sumábamos los que ya estaban: Bebeto, Mauro, Aldana, Manjarín, Nando, Donato, Voro, Liaño… La plantilla perfecta. Nada podía fallar. Y así fue en la primera jornada: 3-0 al Valencia. Éramos una apisonadora.

Y llegó la segunda jornada. Tocaba ir a Santiago a jugar con el Compostela que había logrado mantenerse el año anterior y que estrenaba entrenador. Un tal Fernando Vázquez que a alguno nos sonaba de verlo entrenar al Racing de Ferrol y al Lugo, pero del que no sabíamos nada más. Un debutante en Primera División. Pues bien, ese Compostela del señor de gafas que era profe de instituto nos había dado una alegría a los coruñeses al ganar al Celta a domicilio en la primera jornada. Y ahora le tocaba jugar en San Lázaro contra nosotros. Echaban el partido por Canal + y en aquella época los bares coruñeses se llenaban de gente cuando televisaban al Depor. 

Empieza el partido. El Compos que aprieta y el Depor que no trenza ninguna jugada. “El arreón inicial” pensábamos. Pero no. Mediada la primera parte, un balón perdido en defensa llega a Fabiano y el primer gol que nos meten. Pronto las cámaras enfocaron al entrenador santiagués que se perdía en una carrera celebrando el gol que a muchos nos sonó a burla o a tenerle ganas al Depor. “Pero de qué va este tío” pensábamos en el bar. Un cuarto de hora más tarde llegó el segundo. Puede que más doloroso. José Ramón, nuestro capitán que había levantado la Copa del Rey 3 meses antes, marcaba y lo celebraba más que cualquier gol que hubiese marcado en su vida. Y otra vez la carrerita del entrenador. Ya nos estaba empezando a caer gordo. Y José Ramón también. No sé a qué venía tanta celebración. Luego llegó el tercero y el cuarto. Y el Depor que naufragaba en San Lázaro y que ponía fin a su excelente verano e inauguraba una temporada decepcionante en la que quedó incluso fuera de las plazas europeas. El Compostela, por su parte, realizó una gran primera vuelta que le llevó a ser segundo tras la primera vuelta y que luego se hundió en la segunda parte de la liga y que le llevó al décimo puesto final. Por debajo del Deportivo incluso. Al menos les superamos en la tabla. En Riazor ganamos 2-0. Nos quedamos con las ganas de devolverle los cuatro goles.

Pronto nos dimos cuenta que Fernando Vázquez jamás buscaba molestar a nadie con sus celebraciones y que lo que en realidad había sucedido era que su equipo nos había pasado por encima de principio a fin. En aquella época los entrenadores no se prodigaban mucho con sus celebraciones. Todo lo contrario que algunos dirigentes que daban bochornosos espectáculos en los palcos. Era la época de los Gaspart, de los Gil, de los Lopera y de algún que otro elemento.

Fernando Vázquez, nuestro motivador de hoy. Qué mal me caíste aquel día. Aunque no fue tu culpa. El que fracasó fue el Depor y algunos no estábamos preparados..

Comentarios