Menú
El Ideal Gallego Diario de Ferrol Diario de Arousa
YouTube Twitter Newsletter Instagram Facebook

Sin Djokovic

|

Lleva celebrándose varios días el Open de Australia de tenis. Y sin Djokovic, y no pasa nada. Aquellos augurios que pronosticaban un caos en el torneo sin la presencia del serbio (sobre todo, económico) no se han cumplido y las primeras jornadas han resultado muy interesantes y seguidas por muchos aficionados a este deporte desde todas las partes del mundo.


Pero, lo que son las cosas, lo que parecía todo de cara para Nole cuando se encontraba “secuestrado” en un hotel de Melbourne resulta que se le está volviendo en contra. Empezando por esa ausencia en el primer “Grand Slam” y siguiendo por los anuncios de la ministra de Sanidad francesa, la cual –a favor de corriente y con el respaldo de la decisión final australiana- anunció que Djokovic no jugará Roland Garros si no se vacuna.


En caso de no atajar con cierta inteligencia esta situación que se le presenta, el serbio podría comenzar el fin de su carrera porque, además de no participar en los “Grand Slam” siguientes, tampoco podría hacerlo en un buen número de los “Masters 1000” programados durante la temporada. Y esa falta de competición podría pasarle factura tanto en la clasificación de la ATP como en su propia condición física y competitiva.

Este caso ha servido también para conocer abiertamente –por si no lo conociéramos ya- a Djokovic y a todo ese grupo de “iluminados” que lo rodea, empezando por su propio padre, aunque algo ya sospechábamos. Djokovic mintió y no respetó las normas que los demás cumplieron y por eso pagó su actuación con una flagrante expulsión de Australia. Algunos de sus compañeros de raqueta, que en principio lo apoyaban, se retiraron discretamente y ahora ya no se oyen sus voces.


Pero el precio que Djokovic puede pagar es todavía mayor y le va a doler más, en caso de que las firmas comerciales que lo patrocinan tomen cartas en el asunto. Parece ser que alguna ya le ha convocado a una reunión para aclarar todos los pormenores del asunto que le impidió jugar en Australia y, sobre todo, para clarificar el futuro deportivo y sanitario del jugador.


En cualquier caso habrá que confiar que las aguas vuelvan a su cauce, que el raciocinio retorne a la cabeza de Djokovic y que la competición recupere el nivel más alto con su participación. Que con 34 añitos (pronto, 35) tampoco está en disposición de perder mucho tiempo.

Sin Djokovic