Deporte adaptado | El surf, espacio de terapia y rehabilitación
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Deporte adaptado | El surf, espacio de terapia y rehabilitación

Monitores y alumnos, foto de familia de las jornadas de surf inclusivo de Bastiagueiro | Antonio Carretero

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Ángel Luis Curiel (Valladolid, 1979) solo podía mover los ojos y la boca cuando se despertó en el hospital Juan Canalejo de A Coruña (ahora CHUAC) tras un accidente por zambullida en aguas de Sanxenxo. Han pasado ya diez años desde entonces y ahora es subcampeón del mundo de surf adaptado.

El pucelano se ha propuesto montar en una tabla a todas las personas con diversidad funcional posibles y ha ideado un proyecto para escuelas de surf que la semana pasada se inició en la playa de Bastiagueiro de la mano de Prado Surf. “Queremos ayudar a otras personas a utilizar el mar como un espacio de rehabilitación”, explica.

Curi superó la tetraplejia tras un proceso muy duro, “con ansiedad y depresión”, y en 2013 consiguió volver a caminar, aunque sufre el síndrome de Brown-Sequard y no ha recuperado la sensibilidad en el lado derecho de su cuerpo, una lesión que no le impidió inciarse en el surf. “Lo que casi me quitó la vida, ahora me la da más que nunca”, reconoce el vallisoletano, que también ha sido campeón de España y subcampeón de Europa.

Al proyecto de Curi se unió sin pensarlo Mireia Cabañes (Valencia, 1987), que perdió parte de una pierna tras superar un cáncer infantil, no empezó a surfear hasta el año pasado y ya es subcampeona de España y del mundo: “Es mi otra pata. Ella es coja de la izquierda y yo de la derecha”, bromea Ángel.



Formación y sonrisas


Los dos dirigieron la semana pasada las primeras jornadas de surf adaptado en Bastiagueiro, con una formación para monitores y dos días en los que recibieron a diferentes alumnos, desde una chica con esclerosis múltiple hasta varios adolescentes con TAE (trastorno del espectro autista) y TDAH (trastorno del déficit de atención e hiperactividad).

“El concepto es crear un espacio para que los monitores tengan la sensibilidad y el conocimiento para relacionarse con personas con diversidad funcional”, explica el pucelano. “El viernes discapacitamos a los monitores de diferentes maneras para que tuvieran las mismas sensaciones que los alumnos”, añade.

El sábado y el domingo compartieron su experiencia en el surf con un grupo de personas que nunca antes lo habían practicado: “Fue súper positivo compartir nuestro medio habitual con personas a las que les cuesta tanto tener acceso al mar”, reconoce Mireia, que se queda con “las caras de felicidad”.

“En el primer día, algunos alumnos no se atrevían a ponerse de pie, pero en el segundo ya disfrutaron del placer de dejarse llevar por las olas. Lo más bonito es que, al acabar, ya estaban deseando volver”, añade Curiel, que desde la playa de Bastiagueiro reconoció la silueta del CHUAC: “Fue una sensación muy especial, ya no lo veo como una barrera o como un problema, es el sitio donde volví a nacer", se sincera. 

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