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Giro de Italia (14ª): El diablo viste de rosa

Lorenzo Fortunato, ganador en el Zoncolan | Luca Zennaro/EFE
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El Monte Zoncolan es la puerta del infierno. La advertencia reza en una raída pancarta que sostienen dos palos al inicio de la subida por la cara de Ovaro. El Giro eligió este año la vertiente de Sutrio, la que en 2003 encumbró a Simoni vestido de rosa. No es tan dura, pero sigue siendo un puerto descomunal: 14 kilómetros al 8,5% de pendiente media con 3km finales al 12% y con rampas que superan el 25%.


También enfundado en la maglia rosa, Bernal escaló la pared como un demonio para llegar solo a la cima del infernal puerto de los Alpes Cárnicos. Espoleado por el primer ataque de Simon Yates, el colombiano volvió a ser el más fuerte, como en el Passerino, en San Giacomo, Campo Felice y Montalcino, y amplió su ventaja en la general, pero la etapa fue para Lorenzo Fortunato, un joven debutante que corre para el equipo de Alberto Contador.


Egan, 24 años y campeón del Tour en el 19, parece definitivamente recuperado de los problemas de espalda que le frenaron la temporada de la pandemia. Las diabólicas pendientes del Zoncolan y el ritmo ligero de Yates pusieron a prueba su cuerpo enjuto y encorvado encima de la bicicleta, con hechuras y fortaleza de campesino colombiano y cara quemada por la fatiga y el sol.


Y eso que la niebla cubrió el infierno de los Cárnicos, con las últimas nieves en los costados de la carretera y público, mucho público, a veces molesto. Un exaltado casi tira a Fortunato cuando se retorcía en solitario hacia la meta. El italiano, 25 años y novato en el Giro, tenía las mejores piernas de la fuga, una escapada con gregarios: su compañero Albanese y los potentes Mosca y Affini, que se desvivieron por Mollema y Bennett.


El trabajo de los tres rodadores fue clave para mantener las distancias con un pelotón lanzado por los Astana, que apretaron en el plano y rompieron el grupo en el descenso del Monte Rest para buscar la victoria de etapa con Vlasov. El ruso no tuvo el día y perdió hasta su posición en el podio. Tampoco Evenepoel, en un nuevo capítulo de su versión más humana. Ineos tomó el relevo de Astana en la subida final con su particular treno de montaña, Moscon, Narváez, Castroviejo y Martínez, hasta el ataque de Yates.


Por delante, prueba de que el ciclismo está cambiando, el joven desconocido Fortunato fue más fuerte que dos veteranos con más caché, los citados Mollema y Bennett, y que el esloveno Tratnik, que lo intentó en la parte baja del Zoncolan, desde donde casi se avista su patria, Eslovenia. El italiano llegó hasta él y se fue solo hacia la meta en la parte más dura, para gloria del Eolo, equipo invitado, y de su padrino, Contador.


Bernal contraatacó a Yates y abrió diferencias. Pasó con la mejor nota el primer test de verdad en un Giro que no ha hecho más que empezar. Han pasado ya 14 días desde el inicio en Turín, pero la tercera y última semana guarda cuatro jornadas de alta montaña. El lunes será el tappone de los Dolomitas y, después del descanso, esperan tres finales inéditos en los Alpes: Sega di Ala, miércoles, Alpe di Mera, viernes, y Alpe Motta, sábado.


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