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Cuando el VAR enreda más que aclara

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Otra semana más el VAR ha vuelto a generar una polémica innecesaria en la Liga española. El Villarreal-Celta y, sobre todo, el Real Madrid-Sevilla, han visto como la actuación arbitral -entendida como el conjunto de decisiones entre el principal, los asistentes y el VAR- ha sido nuevamente desafortunada.


Si nos centramos en el partido que por su transcendencia de cara al título ha resultado más controvertido, deja a los aficionados descolocados ante los criterios de arbitraje.


Nadie juzga la dificultad que tienen los trencillas para tomar una decisión en décimas de segundo para evaluar una jugada interpretable. Hasta hace bien poco los colegiados asumían una decisión con apenas la ayuda de sus auxiliares en las bandas. Todo cambia cuando aparece el VAR (Video Arbitraje Asistido) en donde un grupo de profesionales conocedores del reglamento y de los medios audiovisuales, analizan con tranquilidad la repetición de las jugadas más ‘interpretables’.


En esta ocasión no debería haber posibilidad de error. Esta temporada la principal polémica se centra en dirimir cuándo una mano es objeto de penalti o no. Y en esto hay multitud de interpretaciones que no contentan ni a uno ni a otro.


Falta un criterio conjunto, entendible y escalable, para pitar como penalti una mano en el área. Lo que no puede ser es que la barrera que separa la intencionalidad y la involuntariedad de la mano sea tan difusa, o cuándo el árbitro principal solicita ayuda a la sala VAR y cuándo no.


En esta ocasión, el colegiado obvia una mano de un defensor sevillista en la primera parte sin acudir al VAR y otra en el área madridista seguida de un penalti por derribo en la jugada inmediatamente posterior.

Con el marcador empatado, decide que el penalti claro no lo es y el dudoso sí. Pasamos del dos a uno al uno a dos en una decisión -ojo que no se discute la infracción señalada- que depende en qué partido se señala o no.


No hay un criterio claro sobre esas acciones cuando los medios de los que se dispone en la sala VAR no deberían dejar lugar a dudas.


Si la tecnología llega al fútbol para aliviar la carga del árbitro y aclarar jugadas dudosas, no es de recibo que esa misma herramienta provoque más polémica que la situación anterior.


Resolvamos las dudas del reglamento antes de empezar la competición y apliquémoslas con rigor sin la estúpida escusa de valorar que el mero contacto del jugador con la mano sea falta y penalti.

Cuando el VAR enreda más que aclara