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José Luís Lemos: “A mí nadie me ha regalado nada en el fútbol”

José Luis Lemos (51), entrenador del Bergantiños, minutos antes de la comida entre la plana mayor del Bergantiños y este diario | marema
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Es un gallego con retranca, una persona que casi siempre fomenta el buen rollo pero al que se le nota mucho cuando las cosas van bien y cuando van mal. Desde el domingo, atiende a tantas comidas como puede. La gente se fotografía con él en los bares de Carballo. Un segundo ascenso debería ser más que suficiente para que, esta vez sí, entrene en Segunda B (Segunda RFEF).


¿Cuánto tiempo tarda en asimilar el ascenso que ha conseguido el Bergantiños?

Me lo creo desde que el árbitro pita el final del partido. El domingo estaba en una nube, el lunes pensaba en lo importante que es lo que hemos conseguido y, a partir de ahí, bajé a la tierra y estoy más tranquilo.


Ha ascendido a Segunda B con Boiro y Bergantiños. ¿Cuál le ha emocionado más?

Un entrenador sabe que conseguir un ascenso es complicadísimo y el primero marca mucho. La exigencia del Boiro era muy a corto plazo. El Bergantiños es un club que lleva muchos años haciendo las cosas bien buscando el ascenso. En algunas temporadas estuvo cerca de conseguirlo y en otras más lejos pero siempre intentándolo. Son dos ascensos diferentes. Este último ascenso viene muy marcado por el aspecto personal.


Tuvimos que parar unas semanas por la pandemia, hubo un mes en el que jugamos siete partidos prácticamente sin descanso… Lo que tienen en común los dos ascensos es que llegamos al final de las temporadas muy al límite en lo emocional y deseando conseguirlo y celebrarlo.


¿En cuál de los dos proyectos –Boiro o Bergan– tenía más presión el entrenador?

El proyecto del Bergantiños viene de años, tiene una continuidad que yo he heredado. El del Boiro era jugársela a una bala ganadora con una afición que apretaba y con un presiente impulsivo. Sabía que si no salía bien, el proyecto no tendría continuidad para mí como entrenador. La inversión del Boiro fue mucho más importante que la de esta temporada en el Bergantiños y creo que había mejor plantilla en el Boiro que en el Bergan. El Boiro era un súper equipo en el que nos jugamos el ascenso en una eliminatoria a ida y vuelta contra otro súper equipo. He tenido presión en los dos equipos y creo que es bueno que la haya.


Tanto en la eliminatoria con el Boiro como en la liguilla de ascenso esta temporada, sus equipos llegaron con ventaja al partido decisivo.

Sí, contra el Caudal jugamos el partido de vuelta valiéndonos el empate o incluso la derrota por 1-0 y el domingo pasado también nos valía el empate contra el Arosa para ascender. Estoy seguro de que sufrimos mucho más en Mieres que en As Eiroas. Es cierto que, de no haber salido bien, la presión sería mucho mayor fallando en casa que fuera. Si el Arosa nos hubiese ganado, sería un golpe durísimo para nosotros.


“Si el Bergantiños pierde contra el Arosa, en la última no asciende contra el Arenteiro”. ¿Cuántas veces escuchó esa frase los días previos a jugar contra el Arosa?

Todo el mundo lo tenía en la cabeza. El lunes llegué al vestuario y les dije a los jugadores que el “y si no ganamos al Arosa” no debía pronunciarse en toda la semana. Había que cerrar el ascenso el domingo y punto. En el fondo sí me ponía en la piel de lo que pasaría si perdíamos ante el Arosa. Aunque trabajes para que no pase, tienes que ponerte en esa situación y prever. Era una escenario complicado.


Después de dos años sin entrenar, Lemos llega al Bergantiños como un parche para dos meses.

Cuando negocié con el Bergantiños, el club me ofreció un año más a mayores de ese final de temporada y no lo quise. En aquel momento tenía que conocer el club y tratar de salvar aquella situación a pesar de que sabía que el Bergantiños era un club para hacer más cosas. No sé si era un parche, un remiendo o una necesidad, pero detecté muchísima preocupación en el entorno. A pesar de ello, sabía que fichaba por un club en el que se podía hacer un proyecto ganador para intentar cambiar de categoría, que era lo que buscaba yo tras la pasada liga.


El Boiro y el Cerceda tenían buenos campos. El Bergantiños, no.

Uno de los factores por los que pensaba que nunca podría entrenar al Bergantiños era por el campo.


Siempre pensé que iba a tener muchas dificultades en As Eiroas. Creo que las tuvimos pero, como entrenador, debo ser inteligente para adaptarme a las circunstancias. No es, ni de lejos, una superficie como la del As Pontes, la del Cerceda o la del Boiro pero nos adaptamos y en ciertos partidos y, ante ciertos rivales, he notado que es una pequeña ventaja. A todos nos gustaría que el campo fuera otro y creo que se está intentando que haya un cambio en ese sentido. Un pueblo como Carballo con un equipo en Segunda RFEF necesita otro campo.


¿Le limita como entrenador el campo de As Eiroas?

No lo veo como una limitación, pero creo que no puedo explotar lo que de verdad me gusta. Tengo que ser inteligente e intentar mejorar manejando otras variantes. No es la idea de juego que a mí me gusta, pero yo mismo me he desengañado de este campo. Fui muchas veces a As Eiroas como visitante pensando que no se podía combinar y esta temporada hemos hecho muy buenos partidos. Tienen que darse una serie de circunstancias que son muy importantes en cuanto al estado del campo, el riego, el viento…


Al final, ¿había más nivel en el sur que en el norte?

Nosotros ganamos los tres partidos de casa a los tres equipos del sur. Hay un equipo del norte, el Somozas, que tenía como objetivo meterse en la segunda fase pero no expuso todo el potencial que tiene. Está pasando con más equipos del grupo norte que no voy a nombrar que han conseguido un objetivo mayor que el que tenían y ya no compiten de la misma forma. Entre los equipos que realmente se juegan algo, las diferencias no son tan grandes entre norte y sur. Arenteiro y Arosa son dos grandes equipos pero Bergantiños y Polvorín, también.


Ahora que se ha enfrentado a todos los equipos y a casi todos dos veces, ¿es el Bergan el mejor de la categoría?

No. Podría ser el mejor con su modelo de juego cuando lo puede desarrollar. El Arenteiro es un grandísimo equipo. El Polvorín, si te coge en el Anxo Carro, necesitas un día muy bueno para no sufrir. Creo que el mío es un equipo espectacular al margen de lo futbolístico y sin conocer a los demás. Es un espectáculo en cuanto a vestuario, grupo, implicación en el trabajo, respeto a las decisiones sin dejar de competir y me recuerda a la plantilla del Boiro.


Destaca el vestuario pero, al terminar la pasada temporada, tuvo que dar bajas.

Las decisiones de las bajas siempre son complicadas y, en mi caso, a futbolistas que ya había entrenado, veteranos, con experiencia, con nombre en categorías superiores, pero el Bergantiños que yo tenía en mente debía ser más barato –este equipo es mucho más barato que cuando yo llegué– y había que traer savia nueva aún sabiendo que nos podíamos equivocar. Asumí ese riesgo y, con el ascenso conseguido, estoy orgulloso de las decisiones que he tomado.


El equipo será mucho más barato, pero Lemos presume de ser un entrenador caro.

Creo que el trabajo de un entrenador como yo debe ser valorado porque yo sé lo que le voy a aportar a un club o a un equipo. No voy a engañar a nadie, ni estar por estar, ni que pasen los meses y no suceda nada. Soy una persona exigente y el primero que dijo, desde el primer día, que el equipo estaba hecho para ascender fui yo. Eso es algo que también hay valorar.


¿Cómo son las horas previas al partido más importante de la temporada?

Necesito estar solo y mi familia lo sabe. Desayuno solo, me voy a ver un partido de fútbol solo, no como y recojo a mi cuerpo técnico antes de ir para el campo. Así es mi mañana antes de un partido como el que jugamos contra el Arosa. Aunque es muy difícil, intento desconectar y, viendo fútbol, desconecto más que tomando algo o dando un paseo.


¿Qué diferencia a los 90 minutos de un encuentro así con el resto de jornadas de liga?

Este tipo de partidos se hacen larguísimos, eternos. Nos adelantamos, nos empataron, no estábamos cómodos, hacía viento, deseábamos que llegase el descanso y no daba llegado. No fue nuestro partido más brillante pero sí supimos leer que era una final. Me quedé un poco más tranquilo después de la expulsión.


¿Les ha ayudado a encarar la fase de ascenso la remontada de la primera jornada ante el Alondras?

Aquel día pensé que sí, pero una semana después, a los dos minutos, ya estábamos por detrás en el marcador. Cada partido es una historia y no te acuerdas de la remontada de la semana anterior porque ya estás palmando nada más empezar. En esta liguilla, con enfrentamientos directos cada semana, si pierdes te recorta puntos el que te gana y estás muy al filo. A mí me preocupaba la cantinela de ‘lo tenéis hecho, no vais a tener que jugar la segunda fase’ pero, al final, necesitamos ganar en la penúltima jornada y en casa.


Tras ascender a Segunda B con el Boiro, no continuó en el club. ¿Va a dejar escapar otra oportunidad así?

Creo que no la voy a dejar escapar. El del Boiro fue el palo más grande que me he llevado en el mundo del fútbol. Pasan los años y te das cuenta de lo difícil que es tener una oportunidad así. Voy a intentar aprovechar esta oportunidad pero, para ello, tienen que coincidir algunas cosas.


El club lleva más de un mes pensando en el presupuesto de la próxima temporada. ¿También piensa en el futuro el entrenador?

Hasta el domingo era incapaz de pensar en otra cosa que no fuera cerrar el ascenso. La próxima semana, después de jugar contra el Arenteiro, probablemente empecemos a pensar en otras cosas.


¿Y si llegase una propuesta más interesante que la del Bergantiños?

El Bergantiños es un club modélico en cuanto a seriedad y profesionalidad aunque, a partir de ahora, tenga que dar un paso importante hacia delante en cuanto a organización y estructura. Mi prioridad es el Bergan.


Las ofertas mareantes no aparecen a menudo y yo siempre digo que para que alguien entrene en una categoría más alta tiene que ganárselo. En realidad, no todos los entrenadores. Hay algunos que lo tienen más fácil para entrenar muy arriba. Ese no es mi caso porque yo entrené en Primera Regional, ascendí a Preferente, ascendí a Tercera y tuve que ascender dos veces para ver si entreno en Segunda B. A mí nadie me ha regalado nada. 


SU FAMILIA 

"¿A que venís? El fútbol es para futbolistas; los demás no disfrutamos"

La familia de Lemos animó al Bergantiños.


El árbitro pita el final y, ¿qué ve?

Veo a mis padres, con 70 años y recién vacunados, que vienen desde Vilagarcía a Carballo para apoyarme.


Hay una foto de celebración con su padre.

Sufre como el que más y ahora disfruta. Sé lo jodido que está, lo que le costó venir. En Cangas hicimos una mierda de partido, sufrieron y volvieron fastidiados para casa. ¿A qué venís? El fútbol es para los futbolistas. Los demás no disfrutamos. Pero, otra vez, el domingo por la mañana me llamó para decirme que venía. Y menos mal que salió bien porque si no tendría que volver otra vez decepcionado para Vilagarcía.


Padres, mujer e hijos no llaman la atención, pero sí es sorprendente que su hermana le haya acompañado en las dos finales ante Alondras y Cangas.

Es muy futbolera. Iba a verme jugar. También fue a Cangas y me sorprendió que quisiera volver. Es una persona súper especial para mí. 


MODELO Y FÚTBOLISTAS

"¿Directos? No fue cuestión de traición sino de adaptarse"

En la fase de ascenso, el Bergantiños tuvo que amoldarse a exigencias del guion.


¿Ha asumido el Bergantiños una versión más directa en la fase de ascenso?

Son partidos muy diferentes a los de la liga regular y, aunque no quieras meterte en ese rol, hay momentos en los que el rival te puede dominar y hay que saber sobrevivir con eso amoldándonos a lo que demanda cada situación. El equipo no estuvo al nivel de la primera fase a nivel defensivo y era algo que me preocupaba. Encajamos muchos goles en todos los partidos sin que los rivales nos generaron muchas ocasiones.


¿Ha traicionado a su modelo de juego?

La semana pasada, antes de jugar contra el Arosa, no hicimos más que trabajos de salida de balón, de cómo romper la presión que suponía que nos iban a hacer, pero llegamos al campo y, con el viento que hacía, era imposible. No es cuestión de traición sino de adaptarse. ¿De qué vale insistir con lo trabajado, que se pongan 1-2 y no ascender? Lo principal era ascender y las circunstancias eran muy complicadas.


¿Considera un acierto importante situar a Cano como delantero en la fase?

No me voy a poner esa medalla porque lo he entrenado muchos años y casi nunca lo he utilizado de nueve porque no me gustaba mucho cómo lo hacía. Este es otro Cano que supo leer lo que el equipo necesitaba de él. Es algo más mental del futbolista que mérito mío.


Muy pocos entrenadores cambian de portero en un playoff.

Es la decisión más difícil que tuve que tomar como entrenador desde que empecé. Ni siquiera se lo expliqué a Brais. Lo hice por lo que podía transmitir al equipo si volvía a equivocarse contra el Arenteiro. Si repito con él y falla, la sensación para el equipo iba a ser negativa. No pensé en Brais, pensé en el equipo. Cuando estábamos a punto de ser campeones del grupo norte les dije que, en los cuatro últimos partidos, jugarían dos cada uno y creo que nos ayudó. Todo suma.


¿Forzó Lemos a Agulló contra el Alondras?

Hay cosas que ahora ya se pueden decir. Puse a Agulló contra el Alondras sabiendo que no estaba bien, pero siendo consciente de que, cuantos más minutos jugase, mejor llegaría a los últimos partidos. En Cangas no estaba al 100%, pero yo necesitaba que empezase a perder el miedo. Fuimos conservadores desde que se lesionó contra el Fabril, pero para mí es un futbolista fundamental no solo a nivel defensivo sino en cuanto a liderazgo, competitividad, juego aéreo, salida de balón… No he llorado tener de baja a Agulló, pero lo echaba mucho de menos. Cuando perdimos a Carlos también me di cuenta de lo importante que es para nosotros.

José Luís Lemos: “A mí nadie me ha regalado nada en el fútbol”