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La exigencia “mental” del Ganzábal

El entrenador dice que no es un partido para tomarse a “risa” | quintana
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El entrenador del Deportivo, Rubén de la Barrera, advirtió de la exigencia que supone a nivel de mentalización el partido con el Langreo por la superficie de juego, que se suma a lo ya habitual esta temporada, el teórico cartel del conjunto coruñés como club histórico en Segunda B.


“La diferencia en la clasificación es mínima y el nivel de los oponentes es bueno e importante independientemente del nombre. El Langreo tiene buenos jugadores, ha empezado muy bien la primera fase, llegó a ser líder, tiene fútbol y es un equipo intenso y agresivo. Sobre el papel, espero un rival algo más agresivo, que nos va a venir a buscar. Espero un partido difícil y diferente al anterior”, analizó.


1. Ni cuentas, ni mirar a otros encuentros

El técnico se centró en el partido de Langreo sin pensar en el encuentro entre el Numancia y el Racing de Ferrol, sus dos inmediatos perseguidores, ni en las cuentas para acabar en las dos primeras posiciones del grupo y acceder a la Primera Federación.


“No quiero cuentas, nos toca jugar el domingo en Langreo y tenemos que ganar con independencia del Numancia-Racing. El objetivo es ganar cada uno de los partidos de esta fase. Es el Langreo y tenemos la necesidad de sumar tres”, dijo.


2. Las peculiaridades del césped artificial

El equipo preparó ese partido entre Abegondo y Riazor, no en césped artificial. “Tengo experiencia como entrenador estando en tres clubes como local en superficie de hierba artificial y, aun así, diferentes. Lo hablamos con la plantilla y optamos por desarrollar la semana en Abegondo en este caso y el día de ayer (por el jueves) en Riazor”, precisó.


También valoró el cambio de chip después de haberse quedado fuera de la lucha por el ascenso. “Cuando finaliza el partido de Zamora, todo el mundo se lleva una pequeña decepción. El equipo estaba bien y en buena dinámica, capaz de todo, pero ahora el objetivo más ambicioso es la Liga Pro y en esas estamos. 


Todo está enfocado a eso. Nosotros tenemos que estar mentalmente predispuestos para hacerlo lo mejor posible y ganar los partidos. Llegas a ese campo y pareces que lo afrontas como que no es fútbol por la superficie en que juegas, pero es fútbol, es deporte, hay que ir y competir”, apuntó el míster, quien matizó que no es un partido “de risa”.


Cambiar de superficie condiciona, pero no modifica la idea de juego. Sí implica matices. “Si creo en ganar siendo otros, eso da una mayor ventaja para el rival por el hecho de exigir al jugador algo que atente contra su capacidad y los hábitos del equipo. Hay matices de un partido a otro y en este también va a ser así, pero no habrá una metamorfosis”, matizó.


Los jugadores, eso sí, deben adaptarse. “Con balón en tu poder, por los botes, probablemente el tiempo (de respuesta) se vea reducido y nos obliga a optar por gente capacitada que, viendo disminuido ese tiempo, sean capaces de resolver esas situaciones. Obliga a estar conectado, metido. Si el tiempo del que se dispone es menor, independientemente de que el espacio sea mayor o menor, el impacto es mental, psicológico, y hay que estar preparado, anticiparse”, arguyó el técnico.

La exigencia “mental” del Ganzábal