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Repensar el futuro

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Victoria complicada frente al Marino de Luanco el pasado domingo en esta fase de castigo que decidirá qué dos equipos se quedarán en Segunda B o cómo quieran llamar a esta categoría la temporada que viene. No debe de ser fácil para un equipo que aspiraba a retornar a Segunda disputar esta liguilla de consolación. Incluso pensar que se puede llegar a complicar la permanencia a poco que se den dos malos resultados seguidos.


Siendo optimistas hay que creer que ganando los partidos de casa la permanencia debería de estar asegurada pero habrá que gestionar la presión de salir a ganar a equipos que también se están jugando su futuro en una categoría que el Depor no acaba de entender.


Ganar en Langreo y hacer lo mismo una semana más tarde ante el Numancia en Riazor sería casi definitivo para confirmar la presencia un año más en la B. Como diríamos, un mal menor.


Apenas quedan cinco jornadas hasta el cierre de la competición el 9 de mayo. A partir de ahí, y Asamblea General Ordinaria de Accionistas por medio, comenzará a perfilarse el planteamiento de la próxima temporada.


En primer lugar, decidir quién dirigirá al equipo. Si se decide dar continuidad a Rubén de la Barrera o se opta por otro inquilino para el banquillo.


En un segundo plano, pero no menos importante, es conocer a la persona o personas que decidirán la planificación deportiva del club. Conocemos quienes conforman el Consejo de Administración y sabemos también que no son personas expertas en el mundo del fútbol –no tienen que serlo– pero alguien deberá de tomar las decisiones a la hora de confeccionar la plantilla, ejecutar despidos, renovaciones o nuevas incorporaciones. Hasta la fecha se encargaba de esta tarea Barral aunque no estaba muy bien definido su papel en el organigrama. Será el nuevo Consejo quien afronte este reto.


También será oportuno conocer cómo abordar temas pendientes como son la marcha del Fabril, con Valerón a la cabeza, la política de cantera de la que Fran se ha hecho responsable y poco se conoce de sus planes, o el futuro del Deportivo Abanca, hundido en la tabla de la Primera Iberdrola.


Lo conocido hasta ahora es que la “propiedad” pretende sanear el club, devolverlo a una categoría superior y esperar la entrada de nuevos accionistas o venderlo si es que existiera una oferta capaz de gestionar su deuda. A día de hoy todo siguen siendo especulaciones que se ciernen sobre un nuevo propietario que deberá afrontar, con presumibles conocimientos empresariales y evidentes carencias deportivas, el futuro de un Club con 115 años de historia.

Repensar el futuro