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Es difícil, viendo las imágenes de las horas previas a la celebración de la Copa del Rey, sentir que aún vivimos en una pandemia. Imposible evitar la dispersión de los seguidores de ambos equipos antes del encuentro y las imágenes preocupantes de aglomeraciones por parte de ambas hinchadas. El fútbol son los aficionados y un año después de la fecha prevista, la final, que había esperado 365 días para disputarse, tampoco pudo contar con público.


Viendo cómo se probó de forma piloto un concierto recientemente, realizando una prueba de antígenos a todos los asistentes, cuesta entender por qué no se intentó en el caso del encuentro copero. Un recinto al aire libre como La Cartuja, muy diferente al Palau Sant Jordi, donde se congregaron 5.000 personas.


Los aficionados parece que no regresarán esta temporada a los estadios en España, mientras en Segunda B, dependiendo en qué Comunidad Autónoma, o incluso a veces dentro de la misma, hay notables diferencias en lo que atañe a los aforos. Ayer el Deportivo jugó ante medio millar de espectadores y en Vigo, con una situación epidemiológica similar, fueron 1.000 los que siguieron el partido del Celta B ante el Valladolid Promesas el sábado.


Durante buena parte de la primera fase, los equipos gallegos tuvieron que disputar sus partidos a puerta cerrada, mientras en los campos los duelos ante rivales de Castilla y León se encontraban con público en las gradas. Un agravio comparativo que habían sufrido los clubes, como reconocía Cristóbal Parralo en una reciente comparecencia de prensa. No es lo mismo competir con o sin público, lo saben los jugadores, que lo sufrieron en el tramo final del curso pasado.


Pero, sin unanimidad entre Comunidades, ni criterios, seguirá la competición dejando curiosas estampas de estadios enormes casi vacíos y campos mucho más pequeños, en los que la distancia social brilla por su ausencia. La duda es si no se podía haber intentado uniformizar más los protocolos de vuelta a la competición (veremos si el nuevo presidente del CSD está más inspirado que su antecesora en el cargo, cuyo paso, aunque efímero, no será olvidado, al menos en Coruña).

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