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¡Lo están consiguiendo!

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Al fin lograron que el fútbol no sea considerado por la juventud como un atractivo entretenimiento. Y no será porque no se les dijo que estaban llevando a esta disciplina a un callejón difícil de gestionar. Un castigo permanente hacia los aficionados, que se pagaría tarde o temprano. Horarios incomprensibles en días difíciles de digerir, fue el principio del ocaso. Permitir que todo el entramado estuviese regido por los canales televisivos, premiando el tema económico por encima de la pasión, no era una noticia positiva, todo lo contrario.


La pasada semana, la asociación de clubes europeos más importantes (ECA), pusieron sobre la mesa la actual situación de regresión del espectáculo futbolístico. El resultado de una encuesta, destacaba, de forma exponencial, el tramo ausente comprendido entre los 18 y 30 años. Su portavoz, el presidente de la Juventus, Andrea Agnelli, subrayó la necesidad de generar un cambio radical en la oferta competitiva, tanto a nivel nacional como internacional: “El sistema actual no está hecho para una afición moderna”.


Han visto las orejas al lobo, pero de nuevo se equivocan, pretenden dar otra vuelta de tuerca a las competiciones, cerrarlas más si cabe. Moverán sólo el ‘árbol’, pero pensando en el futuro no obtendrán el beneficio adecuado. Para arreglar un problema, lo primero es localizarlo y por lo visto, éste no lo han descifrado. El fútbol es popular y hay que saberlo conducir.


Cambio de tercio. Para lograr las referencias marcadas en la vida, el desarrollo de la capacidad de concentración y esfuerzo resulta fundamental. Este proceder en el mundo del deporte es imprescindible. Exprimir esta capacidad es sinónimo de éxito.


No todos los deportistas tienen ese baremo estructurado en sus genes. Dependen de muchos factores, los personales, su entorno y otros muchos emergentes en cuestiones paralelas.


No hace mucho recriminaba unas declaraciones donde se minimizaba la capacidad de los deportistas de equipo para poder alcanzar un nivel óptimo de esfuerzo y sacrificio. Entendía que el colectivo representaba una firme exposición hacia la colaboración y conexión de los esfuerzos individuales. Una forma importante de conectividad.


Una vez dicho esto, quisiera resaltar la gestión de una de nuestras atletas en el pasado Campeonato de Europa de Atletismo en pista cubierta y que estaba integrada en el equipo español. Por lo que representa Ana Peleteiro, entiendo que es digno de hacerlo.


Tras lograr un subcampeonato en su último salto, quedando a un solo centímetro del título, la del Barbanza declaraba lo siguiente en rueda de prensa: “Me quedo con lo que he sido capaz de hacer. Competí con molestias en los isquios, en la espalda, con la cabeza diciéndome que no y yo diciendo que sí, centrándonos en lo que tenía que hacer. Por eso, aunque sea de plata me sabe a oro”. “Por fin he aprendido la técnica de Iván Pedroso, que es sorprender en el último salto. Sabía que estaría por encima de 14 metros, pese a que llegué a Torun con el pie hinchado, tras torcérmelo justo al salir de Madrid”.


Hay personas que deben ser referentes en el discurrir de la vida y esta deportista gallega lo es y por lo tanto debe de ser reconocida y así lo hago. Un ejemplo para todos.


Finalizo con casa Depor. La vida continúa. Fue un pasito hacia adelante muy importante, pero hay que seguir. Confiemos, no queda otra.

Como siempre un placer. 

¡Lo están consiguiendo!