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No dejen caer al Depor…

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La vieja expresión “Así se las ponían a Fernando VII” es aplicable al Depor después de la derrota del sábado, día 11. Jugaba en su campo con el apoyo de su afición, ni siquiera tenía que ganar, le bastaba un empate… y falló en la misión de marcar un gol o, al menos, mantener la igualada inicial. Ya sé que resultados adversos se dieron otras tardes en Riazor, pero al equipo nunca se lo habían puesto tan fácil, como los cortesanos le ponían las bolas de billar a aquel rey.


Fue emocionante ver la ciudad engalanada, el estadio lleno y una multitud expectante y confiada ante una pantalla gigante en la fuente de Cuatro Caminos. Y fue desolador ver la desilusión tras la derrota. Las caras de los mayores y los rostros llorosos de adolescentes y jóvenes eran el espejo de sus almas desgarradas ante otro fracaso deportivo del equipo que representa una profunda decepción para su afición entregada y es un mazazo moral y económico para la ciudad.


El Depor lleva años en caída libre. Este año, la plantilla de jugadores -confeccionada para ascender- fue una suma descompensada de futbolistas de aquí y de allá, mal dirigidos, sin espíritu competitivo y sin compromiso con el escudo de la entidad. Es el balance de la nefasta gestión de sus dirigentes, que no saben de fútbol, y del propio equipo técnico, que solo contaba con el aval de la juventud.


La fuente de Cuatro Caminos ‘sin agua’ era como la metáfora de la sequía deportiva y del cúmulo de errores que explican que el Depor, que hace unos años alcanzó las cimas de la gloria y animaba la vida social y económica de A Coruña, sea hoy un equipo devaluado que está en ese pozo deportivo por culpa de los sucesivos mandatarios que iban a ser sus salvadores, pero, como diría José María García, vinieron a servirse del cargo.


Álex Bergantiños supo captar la desolación de la afición: “es el único activo que tenemos y siempre está ahí. Nada que decir, solo pedir disculpas…, habrá un proyecto nuevo y humildemente les pido que no dejen caer al Depor…”. Una frase para la historia del veterano capitán, ejemplo de pundonor en el campo y de caballerosidad en la calle. Él sabe que después de este golpe va a ser difícil recuperar la ilusión.


Remato con un consejo, que la entidad dueña del club no me pidió, y presiento que será demonizado en algunos ámbitos políticos y mediáticos de A Coruña: recuperen a Lendoiro para la dirección deportiva. Pónganle un contable al lado que contenga sus impulsos para fichar jugadores, pero encomiéndenle la gestión deportiva del club o, al menos, contrátenle como asesor. Sabe de fútbol y aprovechen su talento si quieren devolver al Dépor a la categoría que le corresponde por su historia y merece la ciudad.

No dejen caer al Depor…