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El Deportivo Abanca, de la alegría del club a las turbulencias

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El Deportivo Abanca, la sección femenina del Deportivo, fue, hace apenas un par de temporadas, la alegría del club gallego: crecía mientras el equipo principal masculino iba bajando peldaños, hasta el punto de caer a la categoría de bronce por primera vez en cuarenta años; pero, en los últimos meses, su vuelo ha tenido turbulencias.


El equipo gallego apostó por el fútbol femenino a mediados de la década pasada. En el tercer intento por subir a la máxima categoría del fútbol nacional, lo consiguió. Era 2019 y su ascenso coincidió con la frustración del plantel masculino, que se dejó el ascenso a LaLiga Santander en Mallorca tras dilapidar en la isla una renta de dos goles que había conseguido en el partido de ida.


El Deportivo Abanca fue la revelación en su debut en Primera Iberdrola, una temporada mágica que se vio interrumpida por la pandemia.


Nada que ver con la segunda campaña en la élite, en la que sufrió el descenso, aunque peleó por la permanencia hasta la extenuación y fue el último equipo en caer a Reto Iberdrola pese a que llevaba meses con pie y medio en la categoría de plata.


La reconstrucción del proyecto la iniciaron el técnico y el responsable del área deportiva que habían llevado al club a la máxima categoría, Manu Sánchez y Pablo Pereiro, pero días antes de que la pretemporada comenzara, el Deportivo cambió de idea.


Con el entrenador llegó a un acuerdo para su desvinculación, con Pereiro comunicó su despido públicamente en una rueda de prensa del presidente, Antonio Couceiro, y después intentó incluirle en un Expediente de Regulación de Empleo, pero el directivo lo llevó a la vía judicial y, en primera instancia, su salida se consideró como despido improcedente.


Para suplir a Manu Sánchez, el Deportivo incorporó a Miguel Llorente, que procedía del filial del Barcelona, y el equipo, con casi todos los fichajes cerrados por el tándem Manu Sánchez-Pablo Pereiro, firmó una gran primera vuelta con el objetivo del ascenso.


Sin embargo, tras las vacaciones de Navidad, el Deportivo inició un bache del que no acabó de salir y no solo se alejó del ascenso, sino que, además, acabó jugándose la permanencia en un playout a partido único en el que certificó su continuidad en la categoría de plata ante el Real Unión de Tenerife.


Por el medio, los problemas extradeportivos por dos denuncias en el canal ético del club, una por supuesto abuso laboral por parte del técnico y otra, por presunta xenofobia.


La primera le costó ser apartado del equipo un par de semanas mientras el club investigaba los hechos denunciados, que coincidieron con la salida del cuerpo técnico de la asistente de Llorente, a la que este atribuyó la denuncia.

El caso se cerró con la restitución del entrenador al no apreciar una actuación "irregular ni sancionable" por su parte.


La segunda se produjo antes de que el Deportivo, una vez finalizada la temporada con la permanencia, determinara no ampliar el contrato del entrenador.


Al cerrar su etapa en el Deportivo, se refirió a esa denuncia por una presunta actitud racista con la jugadora Charity Adule, extremo que rechazó.


“Es una jugadora que en el partido de Pradejón, que ganamos 3-1, a falta de cinco minutos no quiere salir a jugar, esa semana hay una tarea sin balón en la que no quiere participar, y la semana siguiente se queda desconvocada. Todo el mundo que se dedica a esto es normal. A raíz de ahí creo que se activa esa denuncia. Estoy tranquilo. No es racismo ni nada similar, es fútbol”, sostuvo.


Esta semana, la capitana, Alba Merino, confirmó que no seguirá en el equipo coruñés la próxima temporada y aseguró que su intención era renovar y que también el club le había trasladado inicialmente que contaba con ella.


La centrocampista relató que el pasado jueves el director general del club, David Villasuso, le comunicó “mediante una llamada telefónica” que el Deportivo no contaba con ella, pero “unos meses atrás” le habían dicho “hasta en dos ocasiones que podría estar en el club el tiempo que quisiera”.


Y recientemente, hace un mes, Rocío Candal, que se incorporó al área deportiva para encargarse del fútbol femenino, le trasladó que contaban con ella “para la próxima temporada” y que era “una jugadora muy importante dentro del equipo”.


La capitana dejaba, además, un recado en su despedida: “Por desgracia, creo que levantar la voz sigue molestando. Aun así, volvería a actuar de la misma manera una y mil veces más, siguiendo mis principios y valores”.


Una turbulencia más en un equipo que antes de esta temporada deba alegrías a un Deportivo que está centrado en el ascenso de su conjunto masculino a LaLiga SmartBank.

El Deportivo Abanca, de la alegría del club a las turbulencias