Los Vaast , una familia particular
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Los Vaast , una familia particular

Aelan y Kauli Vaast compiten en aguas de Ferrolterra | @CLASSICSURFPRO

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Los Vaast son una familia atípica y nómada con raíces flotantes en la polinesia francesa. Los padres, Natou y Gael, se conocieron y se enamoraron en una competición de windsurf. Los genes del surf navegan por su sangre. Sus tres hijos pequeños son tres grandes pequeños surfistas que tienen asombrado al circuito con su precocidad y talento.

 

Más de 15.000 kilómetros separan la playa de Pantín de las aguas de Tahití. La distancia no ha sido impedimento ni un freno a su pasión por las olas, en especial por las más grandes. Los dos mayores, Kauli y Aelan, compiten este verano juntos en la 35ª edición del Abanca Pantín Classic Galicia Pro.

 

Kauli, campeón de Europa Junior, es un prodigio de pelo rubio y amplia sonrisa que ya mira de reojo a John John Florence, su ídolo. Es viral su cabalgada en la ola de Teahupoo, en la Polinesia francesa, cuando solo contaba con 16 años. Hoy tiene 20 y su carrera sigue apuntando muy alto.  

 

 

 

Importante triunfo

 

Su hermana menor Aelan (flor, en hawaiano) es conocida como la sirena de Vairao, en las islas de Barlovento en la que tienen su base nodriza. Hace un par de meses, con 17 años, ya se coronó en Doniños en el campeonato Cabreiroá Junior Pro Ferrol 2022 como la reina de la playa y dos meses después, ha regresado a Ferrolterra para participar en la primera prueba de la temporada en el circuito europeo de la World Surf League (WSL) en la playa de Pantín para medirse con las grandes surfistas del momento. Rubia y menuda, cuentan de ella que se crece en las competiciones donde ofrece su mejor versión. La saga de los Vaast todavía tiene otro eslabón con el pequeño, Naiki, todavía muy joven, pero con idéntico talento.

 

Dani y Néstor García son padre e hijo. Misma sangre, misma pasión. El primero sigue en activo al máximo nivel, y el segundo, está compitiendo estos días en las aguas de Pantín.  La paradoja de esta familia cántabra es que ambos han llegado a competir en el agua y a rivalizar por la mejor puntuación. Cuenta el padre que a su hijo lo concibieron en la playa y antes de cumplir un año ya estaba montado en la tabla. Néstor ha cogido el testigo y las enseñanzas de su progenitor. Surfear juntos es un placer y un privilegio. No es un caso aislado. Está el francés Didier Piter y su hijo Sam o los portugueses Joao y Afonso Antunes. Otros casos curiosos, el de Marcos Rodríguez y su hija Yolanda, él como organizador muchos años y ella como surfista precoz. Incluso ocurre entre jueces que se tienen que ausentar cuando puntúan a sus vástagos.

 

Si no padre e hijo, algo similar ocurre con ‘Gallo’ y sus pupilos. Aitor Francesena, el entrenador de Zarautz fue uno de los primeros competidores del Abanca Pantín Classic Galicia Pro a finales de los 80. Esta semana, regresó a la competición en surf adaptado después de perder la visión y entre los surfistas con más proyección, están algunos de sus pupilos como Andy Criere.  

 

En aguas de Pantín también se han forjado amores y familias. Ocurrió con Clyde Martin, surafricano afincado en Ferrol y leyenda de los años 90 que llegó para surfear y se quedó a vivir. Lo mismo ocurre con Paul Canning, que tejió sus redes emocionales con la comarca. Ha regresado una y otra vez al campeonato en el que este año compite su hijo Matt. Las dinastías del surf garantizan mucho futuro a un campeonato que va mucho más allá de la competición. l 

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