miércoles 19.02.2020

Riazor fue el jugador 11 y 12

Los más de 19.000 hinchas que coparon las gradas no dejaron en todo el encuentro en animar  y se volcaron con el equipo, sobre todo cuando se quedó con diez, para acabar entonando el ‘sí se puede’
Fernando Vázquez celebra el triunfo a la conclusión del encuentro ante el Racing, el tercero seguido de los coruñeses | patricia g. fraga
Fernando Vázquez celebra el triunfo a la conclusión del encuentro ante el Racing, el tercero seguido de los coruñeses | patricia g. fraga

Fernando Vázquez regresó de forma triunfal al Abanca Riazor para sumar su segunda victoria con el Deportivo, el tercer partido sumando de tres consecutivo, ante una afición entregada y que tiene muy ganada el de Castrofeito.

Le había pedido a la hinchada desde su llegada que apoyase al equipo y que acudiese al estadio, que había batido récords negativos de entrada, y el respestable respondió.

Más de 19.000 espectadores, aunque solo la mitad de ellos socios, a pesar de tratarse de una tarde de temporal, a una hora mala, lo que dificultaba que viajasen muchos aficionados de lejos de A Coruña. Una afluencia que habla del compromiso de una hinchada que no dejaba de lado a su equipo. Riazor recibía entre aplausos a Vázquez y veía como los jugadores lucían las nuevas camisetas blanquiazules, de nuevo de rayas verticales, que también vestirán ante el Cádiz el domingo.

El aliento de los seguidores se hacía notar desde el minuto uno, sobre todo con el equipo gustándose y con ocasiones a balón parado de Aketxe.

A contracorriente
Pero llegaba un jarro de agua fría, uno de los muchos que ha padecido el club deportivista en esta campaña, en forma de gol de Cejudo. Nada de eso apagaba a la hinchada, que no dejaba de animar. 

Subían los decibelios al ver que se preparaba ya el primer cambio, cuando aún no se había cumplido la media hora, y el elegido era Emre Çolak. El ‘sacrificado’ era Montero, que no saludaba a Vázquez de regreso al banquillo, y el técnico posteriormente desvelaba que le había explicado sus motivos del trueque, y que éste los había entendido. 

El otomano arrancaba los primeros aplausos, con sus pases medidos y su calidad, aunque volvía a demostrar su carácter, a veces por encima de las revoluciones necesarias. El Depor asediaba los dominios cántabros, la afición disfrutaba de fútbol combinativo, rara avis este curso, y marcaba Sabin Merino, otro recién fichaje, para delirio de Riazor. Lo más difícil parecía hecho, pero mucho tendrían que aclararse las gargantas los hinchas.

Çolak marcaba un gran gol, se iba a abrazar con la grada y era expulsado, al ver la segunda amarilla.

Delirio era máximo con el tanto del otomano, héroe y villano, pero quedaban por delante 35 minutos de sufrimiento con uno menos.

Se ponía la hinchada la elástica para ser el número 11, como antes había sido el 12, apretaba en cada jugada del Racing y jaleaba las ocasiones coruñesas. La respiración se contenía ante el cabezazo de Papu, pero con el pitido final volvía el grito unánime del ‘Sí se puede’.

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