domingo 9/8/20

Un empate en soledad

Un Abanca Riazor vacío fue testigo de una tablas que no habrían dejado contenta a la afición, que aprovechó la jornada para ir a la playa y que vio por la tele como los coruñeses sumaban un punto
Mollejo, autor del segundo tanto del partido, celebra con rabia y ante una gracia vacía, el segundo gol del cuadro blanquiazul  alborés
Mollejo, autor del segundo tanto del partido, celebra con rabia y ante una gracia vacía, el segundo gol del cuadro blanquiazul alborés

Las inmediaciones del Abanca Riazor vacías en una tarde soleada de junio la hora previa al encuentro.

Una imagen inaudita, pero que nos ha traído esta nueva normalidad, este fútbol sin aficionados, que convierte el deporte en un espectáculo bastante insulso.

En los arenales

Ni siquiera se veían aficionados en las terrazas de los aledaños al estadio. ¿Dónde estaban los seguidores blanquiazules? La gran mayoría aprovechando el buen tiempo en la playa de Riazor. Una playa ahora con arcos para contabilizar el número de bañistas que puede haber en los arenales. Complicado pasear por la zona de Manuel Murguía y no ver esa hinchada blanquiazul dirigiéndose a su templo.

Silencio y muy poca gente en la calle. Como cuando estábamos en confinamiento. Demasiado tiempo sin ver el sol, tanto los coruñeses como el Deportivo.

Poca presencia

Algún pequeño grupo formado por familias perfectamente uniformados, pero que no podían entrar en el campo.

Un estadio al que uno no se acostumbra a ver vacío. Donde aún retumban los cánticos de los seguidores herculinos y en el que ahora resuena el eco del golpeo del balón y las arengas de los coruñeses. Sin ovaciones saltaron los blanquiazules al verde.

Un minuto de silencio en recuerdo a las víctimas del coronavirus y arrancaba el partido. Si hubiese público, no se habrían aún sentado aún muchos cuando se hubiese producido el tanto del Rayo. No hugo gritos de la hinchada, ni silbidos ante el inicio titubeante.

Los únicos aplausos que se escucharon fueron en el minuto 20 y coincidieron, de forma cruel, con el segundo de Villar. Esos aplausos en recuerdo a las víctimas del coronavirus, grabados, lo único que atronó en la primera parte.

Cambio radical

No tenía la arenga del público, pero los coruñeses, tres cambios mediante, reaccionaron en menos de diez minutos con dos goles.

Pedía perdón Mollejo en el segundo a una afición virtual y a sus compañeros, después de lograr resarcirse por un mal partido. Aún le quedaba la traca final al encuentro, con un penalti del Depor, repetido y marcado por adelantarse Dimitrievski, otro de Mujaid y un empate que a la afición seguro le habría sabido a poco.

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