martes 21.01.2020

El Depor da un paso atrás

El conjunto blanquiazul, que volvió a marcar después de cuatro jornadas, encajó de nuevo, tras tres partidos manteniendo su arco a cero, dejó malas sensaciones y se queda a ocho puntos de la salvación
El plantel, al finalizar el choque, en el círculo central del verde del campo coruñés  | alborés
El plantel, al finalizar el choque, en el círculo central del verde del campo coruñés | alborés

El Deportivo echó por tierra buena parte del trabajo de las pasadas dos jornadas, en las que enlazó dos empates sin goles, ante Alcorcón y el CD Lugo, y el domingo ante el Real Zaragoza volvió a las andadas cosechando una nueva y dolorosa derrota (1-3).

Los coruñeses, que llevaban 180 minutos sin encajar recibieron tres goles, que pudieron ser más, sino llega a ser por Dani Giménez, que con varias manos salvadoras evitó que el esperpento fuese mayor.

De nuevo, los herculinos tenían que remar a contracorriente, pues se iban al descanso perdiendo 0-2. Se habría una luz de esperanza con la entrada de Beto Silva y Borja Valle, pues el berciano recortaba distancias, tras una gran asistencia del peruano.

Cuatro jornadas hacía que no marcaban los coruñeses y Riazor lo celebraba con rabia. Rota la estadística de goles anotados, volaba por los aires la de tantos encajados, puesto que los blanquiazules encajaban el tercero.

Indolencia
Mucho antes de que Luis Suárez firmase la sentencia en el 80 y muchos aficionados decidiesen abandonar sus localidades sumidos en el desánimo, el equipo ya había dado muestras de fragilidad. La efervescencia tras la diana deportivista duró diez minutos. El cuadro herculino se diluyó como un azucarillo, el cambio de Longo en el lugar de Mollejo no supuso tener más proyección ofensiva y el Deportivo acabó pecando de errores pasados.

Bajó los brazos mucho antes de recibir el tercero y recordó al plantel de anteriores jornadas, débil y sobrepasado por los acontecimientos.

Los problemas en el tercer gol, que nació de un mal despeje, y la incapacidad de todos los jugadores de parar a Luis Suárez pusieron de relieve la realidad de un equipo superado por las circunstancias.

Pérdida de identidad
A la conclusión del encuentro, pesos pesados del vestuario como Dani Giménez, uno de los capitanes, se lamentaban del paso atrás dado por el equipo, que mostraba su peor cara, volviendo a encajar, al tiempo que se evaporaban las muestras de mejoría dadas en las pasadas contiendas.

Ni siquiera la buena actuación de Beto da Silva, de lo poco destacable del encuentro, ni el gol de Borja Valle, tapaban todas las carencias de un Deportivo que se queda a ocho puntos de la salvación.

Un dato que no es el más grave, sino la sensación de que el equipo ha tocado fondo y que las soluciones pasan por un cambio estructural, mucho más profundo, que un cambio de inquilino de banquillo.

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