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El caprichoso VAR

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Tenemos que volver sobre el mismo asunto, aunque resulte un tanto reiterativo. Nos lo ha propiciado la recién finalizada Liga de Naciones y, prácticamente, nos lo brinda en bandeja cada jornada liguera. Se trata del polémico y controvertido VAR, que, a modo y manera de cualquier situación política, emplea un uso a nivel europeo y otro en territorio español.


La verdad es que los aficionados acusan un gran desconcierto en cuanto a su utilización, debido a los tan poco uniformes criterios arbitrales. Uno de los últimos ejemplos ha sido la doble decisión favorable a Francia (durante la final ante España), al que los árbitros del aparato les dio por sacar espontáneamente una regla desconocida y nunca aplicada. Incluso, en la primera jugada se propició una posterior acción que podía haber terminado con gol francés, con lo que el problema se hubiera duplicado, por el error arbitral y la injusticia de la decisión. Cabe preguntarse ahora, ¿para qué ha llegado el VAR? Esencialmente, para darles la razón a los árbitros de campo, para que parezca que así se equivocan poco en las jugadas verdaderamente decisivas.


Por cierto, con esto de prolongar las jugadas hasta su culminación se obliga a los jugadores a un esfuerzo mayor al tiempo que invita a la inhibición de los colegiados, que ahora se mojan cada vez menos porque saben que pueden quedar en evidencia a las primeras de cambio. Por eso, como se ha demostrado, los verdaderos árbitros ahora son los de las pantallas, mostrando regularmente su “solidaridad” con sus compañeros de césped y siguiendo la “tendencia europea” de los últimos tiempos: todo controlado.


Es verdad que el asunto arbitral viene siendo uno de los problemas del fútbol desde su existencia. Los colegiados no dejan de ser los protagonistas del juego, a pesar de que pensamos también que atraviesan –como colectivo e individualmente- el mejor momento de su historia. Pero no dejan de cobrar actualidad aquellas sabias palabras del entrenador del Liverpool Bill Shankly, que decía que “los árbitros conocen las reglas pero no el juego”. Y así seguimos.


En el futuro inmediato no nos quedará más remedio que convivir con esta situación, con la incertidumbre previa a la concesión de cualquier gol (lo que resta espontaneidad a jugadores y público), con la impunidad casi total en los primeros tiempos y con los caprichos arbitrales, que esos continuarán como siempre hasta que lleguen a la perfección, como sin duda hará notar Velasco Carballo en su próxima rueda de prensa.

El caprichoso VAR