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Probablemente, esa corriente de opinión generalizada que otorga un segundo plano a los representantes españoles en Europa sea cierta. Parece que fue historia reciente cuando unos cuantos clubes nacionales llegaban continuamente a las últimas rondas clasificatorias, con el consiguiente añadido de puntos para el coeficiente y, con ello, la posibilidad de mantener un interesante número de equipos entre los mejores. Algo de eso ocurre todavía esta temporada, en la que hay nada menos que cinco participantes españoles en la fase final.


Pero lo cierto es que, una vez transcurridas dos jornadas de la Champions League de este año, se puede observar que hay equipos a los que, hoy por hoy, casi ninguno de los clubes españoles tiene posibilidad de pelearles de tú a tú. No vamos a caer en el ejemplo fácil del Bayern de Múnich, que goleó y se apiadó del Barcelona, sino otros que tampoco dieron la talla, a pesar de que en teoría eran notablemente favoritos. Las competiciones europeas son siempre una fuente de sorpresas y lo estamos viendo en este pasado mes de septiembre.


Sea por dinero o sea por lo que sea, hay varios equipos en Europa que parten por delante de los demás: el Bayern, por supuesto; el París Saint Germain, porque tiene ese sistema de ‘fair play’ financiero que es de todo menos ‘fair play’, y el Manchester City, también protegido y apadrinado por los árabes y reforzado hasta la saciedad con desembolsos fuera del alcance de la mayoría.


Son ellos tres los principales candidatos al título, a los que hay que unir quizá el actual campeón, el Chelsea, aunque ya se ha llevado algún varapalo en estos comienzos de temporada que le ha colocado con los pies sobre la tierra, y el Liverpool, que parece potente otra vez este año.


Por eso habrá que darle la razón a aquel que profetizó el inicio de una nueva era en el fútbol europeo, con dominio casi aplastante del ‘ejército británico’. Pero eso es fútbol y lo que parece claro en septiembre no lo es tanto en marzo.


Todos los equipos pasan por altibajos y nadie se libra de crisis de juego y de resultados. Como siempre, el que se apañe mejor y mida mejor sus esfuerzos será el que consiga el objetivo.


De momento, ni Real Madrid, ni Barcelona, ni Atlético de Madrid parecen candidatos a nada. Pero todos parecen tener una bala en la recámara para ser utilizada en caso de necesidad. Permaneceremos atentos a nuestros televisores.

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