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Cuesta acostumbrarse

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Llevamos tantos años y temporadas de penurias en el Deportivo que estas tres semanas de competición, en las que el equipo cuenta sus partidos por victorias, son ‘raras’. Dicen que a lo bueno uno pronto se acostumbra pero estábamos tan habituados a lo malo que poder de nuevo celebrar resulta casi una novedad en nuestra rutina.


El Deportivo, a pesar de todo, dejó pinceladas de alegrías estos años, pero fueron efímeras, porque al final prevaleció siempre lo malo, lo negativo, las nubes. Un descenso rocambolesco, una permanencia agónica, idas y venidas de entrenadores y la sensación permanente de que siempre se podía tocar más fondo.

Ahora con el viento a favor, sin encajar, con los delanteros de dulce y una nueva afición ilusionada y que poco a poco está regresando a Riazor, es imposible no sonreír. Lo que pasa es que ya casi nos habíamos olvidado de esa curva en nuestra cara, porque llevamos más de un año cubriendo nuestro rostro con las mascarillas y porque el Depor tampoco nos había dado motivos para ello.


Avisó el míster de que vendrán tiempos complicados y que no siempre las cosas saldrán como equipo e hinchada esperan pero ahora mismo nos merecemos disfrutar este momento. Un atisbo de felicidad, aunque sea un destello, para compensar lo poco que hemos reído y de lo mucho que hemos llorado. Porque después de pasarlo tan mal, cuesta acostumbrarse a esta alegría.

Cuesta acostumbrarse