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Enmanuel Reyes busca su segunda víctima

Reyes posa para las cámaras después de su victorioso estreno en el Kokukigan Arena de Tokio | Nacho Casares/COE
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“Decían que hoy entraba un tifón, ¿no? Pues aquí está el tifón Enmanuel Reyes dando palos”, lanzó el Profeta de Monte Alto ante los periodistas reunidos en el Kokukigan Arena de Tokio, escenario mítico del sumo japonés, sede eventual del boxeo olímpico.


El sumo, que en occidente es objeto de burlas, es un deporte ceremonioso, espiritual y casi una religión en el país del sol naciente. No le importa a Enmanuel Reyes Pla (La Habana, 1992) pavonearse en un templo del arte de combate más popular en Japón. “Yo vine a por mi oro y el que se ponga encima del ring se va a caer”, clama confiado el cubano nacionalizado español y afincado en A Coruña.


PERIPECIAS

Vivió encerrado en Moscú y en un campo de refugiados en Austria


Reyes empezó el torneo olímpico de los pesos pesados con un KO –el único hasta ahora en 134 combates disputados en Tokio– ante el subcampeón en Río, el kazakjo Vassiliy Levit. Y hoy busca a las 12.54 horas su segunda víctima, curiosamente otro cubano, Julio La Cruz, campeón olímpico hace cinco caños y pentacampeón mundial en peso semipesado.


“Mis respetos a Julio, pero aquí venimos a arrancar cabezas. Yo quiero la medalla de oro para España, que fue el país que me dio la oportunidad de ser olímpico. Le quiero devolver todo lo que me ha dado”, avisa Reyes, que vio en A Coruña y España la oportunidad para pelear en unos Juegos Olímpicos que le negaban en Cuba, potencia pugilística.


Un año sin rumbo

Enmanuel salió de la isla en 2016, pasó por Moscú, parada obligada para poder ingresar en la Unión Europea. Todavía sin papeles y con miedo a ser detenido, se encerró en un piso junto a su primo.


La cosa no fue mucho mejor al salir de Rusia. Pidió asilo político en Austria y vivió dos meses en un centro de refugiados. Ya camino de España, las autoridades le detuvieron en Alemania cuando se disponía a pasar la frontera con Francia. Destino a un centro de reclusión para inmigrantes, en cuanto vio una oportunidad pilló un vuelo con destino a Barcelona. Al fin se reunió con su familia. Era el verano del 2017 y después de tanto sacrificio encontró en España su lugar en el boxeo.


En A Coruña se entrena con Chano Planas, que considera a su pupilo un “candidato muy firme al oro” y analiza el combate ante La Cruz. “Hay que respetarlo porque ha sido campeón, pero viene de 81kg, ya no está tan ágil como estaba y es mucho más bajito que Enmanuel. Lo conoce perfectamente y sabemos que va a provocarle el fallo”, vaticina el entrenador coruñés. 


Enmanuel Reyes busca su segunda víctima