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Reacción inmediata

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Un auténtico terremoto sacudió los últimos días la sede de la Plaza de Pontevedra. Y ha provocado una desbandada general de los que estaban al frente de la nave deportivista, eso sí, amablemente invitados por los ya dueños absolutos de la entidad blanquiazul.

El malestar en el equipo saliente fue notorio. El presidente que se va dejó entrever roces internos y diversidad de opiniones a lo largo de las jornadas cotidianas. Fernando Vidal dijo que sólo “hubiera deseado que las formas fueran otras” y aclaró que ya en Navidades había puesto su cargo a disposición de los poseedores del capital mayoritario cuando le exigieron el cese de Vázquez. La conclusión fue clara: Vázquez fue cesado y Vidal, también. Y ambos se van de la misma forma: sin citar nombres tras sus acusaciones.

La opinión pública coruñesa permanece bastante ajena a la marcha diaria del club. En La Coruña sólo preocupa la posible desaparición de la entidad. Y para que eso no ocurra, y ante la caída en picado del club en la clasificación, los de la Rúa Nueva envían a la guerra a cinco “soldados” que se batirán el cobre los próximos meses.

No sabemos por qué, a estas alturas, un prestigioso dirigente como Antonio Couceiro, con amplio y brillante bagaje en la dirección y gestión de diversas entidades, tanto públicas como privadas, se deja convencer para exponerse ante la opinión pública en una misión en la que tiene más cerca el fracaso que el éxito. Couceiro es un coruñés fetén, de los de siempre, que siente su ciudad y eso haya sido quizá lo que le ha inclinado a aceptar un reto como éste.

Entre la variedad de los consejeros escogidos para esta travesía económica figura también otro viejo conocido en la sociedad herculina. Se trata de Eduardo Blanco, destacado gestor coruñés, antiguo concejal y hombre con amplia experiencia que dará sus primeros pasos –pensamos- en el mundo del fútbol. Ya nos contará…

La situación había que afrontarla como fuera, se necesitaba una reacción inmediata. Ahora, el banco ya domina todos los porcentajes económicos de la institución.

Sólo nos falta que pronto, por intermediación del recién nombrado Antonio Couceiro o del mandamás Juan Carlos Escotet nos aclaren públicamente qué quieren hacer con el club, a dónde quieren llevar a esta sociedad que, de alguna forma, es también parte de todos los coruñeses aunque ninguno pueda decir nada sobre el futuro del querido Deportivo.

Como se dice en los toros: ¡Que Dios reparta suerte!

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