Eduardo Fernández: “Algunos ancianos se están demenciando por la soledad”
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Eduardo Fernández: “Algunos ancianos se están demenciando por la soledad”

Eduardo Fernández: “Algunos ancianos se están demenciando por la soledad”
Eduardo Fernández “Dudu”, que dejó su Vigo natal con 26 años en busca de nuevos retos en los clubes más importantes del voleibol español de la década de los noventa | efe

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Eduardo Fernández “Dudu” dejó su Vigo natal con 26 años en busca de nuevos retos en los clubes más importantes del voleibol español de la década de los noventa. Jugó en equipos de Huelva, Tenerife y Almería, y defendió la camiseta de la selección española en 63 ocasiones, hasta que su profesión de enfermero le llevó a Talavera de la Reina. 

Su labor, dentro del Área Integrada de Salud de Los Navalmorales, un municipio de los Montes de Toledo en el que atiende a pacientes de pueblos como Santa Ana de Pusa, Villarejo de Montalbán o San Martín de Pusa, experimentó un cambio radical desde el inicio de la pandemia por coronavirus. 

“La soledad de la gente en los pueblos es lo peor, para ellos es muy importante ver y estar en contacto con familiares. Algunos se están demenciando por lo que está sucediendo”, lamenta en una conversación telefónica con Efe. 

1.300 pacientes
Con un radio de acción que llega a alcanzar los 45 kilómetros y unos 1.300 pacientes “con una enorme dispersión geográfica y una población muy envejecida, con habitantes de ochenta, noventa años”, la tarea de Dudu es intentar transmitirles “tranquilidad”. “Ir a verles, llamarles por teléfono, saludarles por la ventana, eso les da cierto sosiego”, destaca. Pese a la avanzada edad de muchos de sus pacientes, Dudu asegura que “llevan una vida sana y su esperanza de vida es muy elevada. La gente sigue viviendo sola o con su pareja o algún pariente. Y siguen siendo bastante independientes”. 

“Yo estoy contento porque, aparte de toda la desgracia que estamos pasando, el ambiente en mi equipo, con gente joven, muy trabajadora y muy profesional, es muy bueno. Por supuesto que con esta pandemia hemos cambiado la forma de trabajar porque la gente se recluye en casa y lo que intentamos es mantenerlos al tanto, ya sea por teléfono, visitándolos, no entrando en casa, aunque sea asomándonos por la ventana para preguntarles cómo se encuentran, para advertirles de que no salgan, para saber si tienen apoyo familiar, si tienen las necesidades básicas cubiertas”, relata. 

“Muchos han vivido la posguerra -prosigue-, han pasado necesidades. Son gente dura y por eso aceptan las circunstancias actuales de otra manera. Saben organizarse bien porque conocen la dureza de la vida. Aunque sabemos que esto es muy agresivo y que hay circunstancias muy tristes, con gente que se muere sola”, comenta. 

“Nuestra labor es apoyarles, al igual que hace otra mucha gente ya que han surgido iniciativas desde ayuntamientos, asociaciones de mujeres que hacen mascarillas, reparten comidas... En este aspecto, la sociedad ha respondido muy bien y es mucho más fácil y asequible que en cualquier ciudad”, reconoce. 

“Claro que el trabajo es más tenso porque es mucho más complicado. Hay que tener cuidado de no contagiar a pacientes, a compañeros... Debemos cuidarnos porque un profesional de baja en estos momentos es algo catastrófico”, declara. 

“Yo, además, tengo más sesenta años y, como varón, tengo muchos factores de riesgo. De hecho, el domingo 22 de marzo me hicieron el test porque llevaba con síntomas leves casi una semana. Tomé mis precauciones y el 25 me dieron el resultado, que fue negativo. Al día siguiente ya volví a trabajar”, explica. 

Sobre el material de los sanitarios para hacer frente a esta crisis, Dudu manifiesta que disponen de “la equipación suficiente”. “Aunque, por supuesto, siempre es deseable tener más. Nosotros desde la época del SARS y del ébola teníamos cierto material guardado que nos ha venido muy bien por la confusión de los primeros momentos. Pero debemos tener cuidado e intentar racionalizar los equipos de protección individual”, advierte. 

Mantenerse en forma
Cuando, tras concluir su jornada laboral, regresa a su piso, “un bajo con una anchura de unos diez metros”, intenta hacer algo de ejercicio, “abdominales, pesas, correr un poco” y, pese a que confiesa “no sentir la soledad”, sí echa en falta “ver a toda esa gente a la que queremos mucho y demostrarles ese afecto que solo podemos hacer por teléfono”. 

Una de las mayores satisfacciones de su vida fue fundar el club de voleibol de Talavera de la Reina, que sigue presidiendo y que supone para él ‘una válvula de escape’ en estos duros momentos. 

“Ahora ya no sé ni cuántos jugadores tenemos, he perdido la cuenta -bromea-. Comenzamos con un equipo masculino absoluto y uno cadete. Éramos unos treinta y fuimos creciendo. Creamos una escuela y ya tenemos tres equipos femeninos. Debemos andar por los doscientos alumnos”. 

“Nuestra prioridad cuando esto acabe es seguir adelante porque la gente tiene que hacer deporte y seguir manteniendo estas cosas que merecen la pena. Lo que nos está enseñando esta pandemia es a valorar las cosas, a ser generosos”, opina.

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