Lunes 17.12.2018

Las dos caras del Fabril

Sergio Pellicer se ha cansado de decir, desde su presentación (hace ya tres semanas), que quiere “un Fabril enérgico, apasionado, que vaya a por el partido, que apriete arriba, que se equivoque más por exceso que por defecto”. El equipo ha intentando manifestarlo (cara A) en ciertas fases de los partidos, básicamente en las primeras partes de Coruxo, Rápido y Pontevedra. En cambio, la segundas (cara B) se le han atragantado, ha recibido goles y, como en Pasarón, ha perdido una ventaja casi definitiva en Segunda B: un 0-2.

La famosa intensidad debería ser innegociable en cada partido para un grupo de jugadores que atisban, en un horizonte no muy lejano, el primer equipo o el fútbol profesional. Se apellide Pellicer (o Ballester), la llegada de un nuevo entrenador es sinónimo de activación en cualquier equipo. Como decía Uxío da Pena en una entrevista para este diario la semana pasada, “los que eran titulares no pueden relajarse porque pueden perder su privilegio y a los que estaban teniendo menos opciones se les abren nuevas oportunidades” porque en teoría todos parten de cero. Tal vez se ha visto un Fabril más intenso en las tres últimas jornadas, yo creo –sin más y por ahora– que tiene otro descaro y que “aprieta arriba”.


En cuanto a puntos, el filial ha conseguido cuatro en tres jornadas, los mismos que Tito en las nueve primeras. Quién sabe si los resultados ante el Coruxo, el colista Rápido y el Pontevedra habrían sido peores con él. Antes de empezar la temporada, ganar al Bouzas en casa estaba dentro de los planes, pero no perder contra el Coruxo. Quizá empatar en Pasarón no es malo del todo pero sí tras llegar con 0-2 al descanso. Con esta dinámica de derrota, victoria, empate, el Fabril conseguiría 34 puntos más, un total de 42 y descenso directo en las cuatro últimas temporadas. Los filiales de Las Palmas (en casa), Atlético (fuera) y Madrid (en casa) medirán –un mes y medio con él es suficiente– el nivel real del equipo de Pellicer.


El juego –probablemente como al míster– me ha convencido por momentos y me ha sorprendido para mal en otros, tal vez ‘fifty-fifty’. En Pasarón, el Fabril pasó de control a descontrol, de asediar a que le asedien, de tener el balón a no saber cómo tenerlo, de atacar decentemente a defender de forma desastrosa el –hoy en día tan importante– balón parado, de llevarle muchas veces la pelota a Uxío a que el ‘9’ apenas la tocase… Tal fue el bajón que, como el equipo no conseguía progresar, Pellicer sacó al mediapunta (Jony Montiel) y metió a un mediocentro (más) de trabajo y recorrido como Javi Cobo. Y el Fabril, con 1-2, “no fue enérgico, apasionado” ni fue ”a por el partido” ni se equivocó “más por exceso que por defecto”.


Cuando el Pontevedra tuvo que jugar directo en el primer tiempo mostró su desconocimiento del rival enviando balones sobre One –uno de los mejores centrales de la categoría y, por supuesto, del Fabril, en juego el aéreo– pero, con un 0-2 en contra, salió desbocado en la segunda parte y consiguió atrincherar a un Fabril que, en los tres últimos partidos solo ha sido realmente superior el rival le tantea, posiblemente por no conocer las intenciones del nuevo entrenador. Fuera de esa particular zona de confort, al Fabril todavía le faltan recursos, como aprovechar, por ejemplo en Pasarón, el espacio que dejó el Pontevedra en su espalda en todo el segundo tiempo. Con el partido al borde del precipicio, sacar (desconociendo sus estados físicos) a la pieza que mejor golpea el balón parado y a la que mejor lo defiende fue, cuanto menos, llamativo.
 

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