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El riesgo de enterrar a los mitos

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El pasado sábado durante la retransmisión de la semifinal del Madrid Mutua Open de tenis (Alcaraz vs Djokovic), un cámara de tv se fijó en un par de niños de la grada que portaban una pancarta de ánimo. El texto era breve pero elocuente. Aparecía el clásico grito de guerra de ¡Vamos Rafa! con el que el nombre del mallorquín tachado y debajo se podía leer Alcaraz, en una relectura agria del ‘a Rey muerto, Rey puesto’.

Sorprende la capacidad extraordinaria que tenemos en España -desconozco si esto es habitual en otras latitudes- de enterrar a los vivos sin misa ni funeral. Nos puede el ansia de victoria. El aficionado es capaz de meterse en el cuerpo del tenista para vencer, aunque sea de manera vicaria. A Nadal se le agradecen los servicios prestados pero que pase el siguiente. Una imperiosa necesidad de ver caras nuevas, de identificarse con el ganador, sea quien sea.

Y es que nadie discute la irrupción de Carlos Alcaraz -Carlitos o Charly le gusta que le llamen- como figura emergente del tenis mundial. Parece llamado a tomar el testigo del Big Three (Nadal, Federer y Djokovic) que dominó la escena durante más de quince años, y seguro que va a dar espléndidas tardes de tenis en los principales torneos de la ATP. Tiene juventud, talento, un juego sólido sin apenas fisuras, domina la pista y posee una inesperada madurez para su corta edad. Estoy convencido que si es capaz de continuar la evolución que hasta ahora ha demostrado, va a ser un futuro número uno.

Esto no nos debe hacer olvidar a Rafa Nadal, el tenista con mayor número de trofeos Grand Slam en su vitrina.

El mallorquín lleva una temporada excepcional iniciada en tierras australianas donde ganó el ATP 250 de Melbourne y ratificó su buen momento en el Abierto de Australia en una final épica frente a Medvedev. Tampoco decepcionó en su gira americana con victorias en el ATP 500 de México para después meterse en la final del Master 1.000 de Indian Wells, donde derrotó en la semifinal al joven Alcaraz. Disputó la final de este torneo con dolores en la costilla -se confirmó posteriormente la lesión- ante Taylor Fritz, número 20 del ranking.

Tras un período de descanso retomó la competición en Madrid con el objetivo de acumular horas de pista de cara a intentar el asalto a su décimo cuarto título en Roland Garros.

La vuelta a las canchas en jugadores de élite no es fácil ya que se les supone la obligación de ganar, aunque no estén en su mejor momento. Estamos viendo como Djokovic -apartado de la competición por su negativa a vacunarse contra la Covid 19- le cuesta un mundo adaptarse.

Algo parecido le sucede a Rafa que necesita partidos en arcilla para coger ritmo de competición.

Aviso a navegantes: si Rafa a sus casi 36 años se propone pelear en París, que tiemblen sus rivales. Tiene calidad, casta y experiencia suficiente para volver a levantar la Copa de los Mosqueteros.

@pgarcia_ramos

El riesgo de enterrar a los mitos