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Eterno Wimbledon

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Ya se está disputando una nueva edición del torneo de Wimbledon, el torneo de tenis por antonomasia. Muchos dicen que prefieren ganar en tierra y otros en cemento. Pero, en el fondo, el torneo inglés es el más prestigioso para todos los jugadores, a pesar de sus caprichosas normas internas que todos los tenistas terminan por aceptar. 
 

Cada año destaca esa costumbre de no jugar el domingo entre las dos semanas de competición. Así lo quieren los veteranos directivos del All England Tennis Club y, de momento, así se mantiene en vigor, a pesar de las multimillonarias ofertas que reciben para romper esa norma no escrita. Pero es que los ingleses son muy suyos y muy amantes de las costumbres y tradiciones, y la directiva de esta entidad (fundada nada menos que en 1868) es un fiel ejemplo de ello. 
 

Es el único torneo que obliga a todos los jugadores a jugar vestidos de blanco casi en su totalidad. Si no, no se les admite, con el riesgo de quedar descabalgados algo a lo que pocos se atreven, máxime cuando hay precedentes de destacados jugadores que no se salieron con la suya.
 

Pero Wimbledon es “más que un torneo”. Hay excursiones durante todo el año para visitar las instalaciones del club, con visitas a vestuarios y a la pista principal, entre otros reclamos. Algo realmente atractivo para cualquier seguidor del mundillo tenístico. Todo ello deja un remanente monetario importante para los organizadores, a lo que hay que unir la tienda de productos originales, que también deja buenos pellizcos económicos.
 

Este año, la organización no ha cedido ante la participación de tenistas rusos y bielorrusos, aun participando sin bandera. Es el particular boicot que el torneo londinense hace a Rusia por su invasión de Ucrania, decisión que se tomó al poco de producirse el ataque bélico de los compatriotas de Putin. Es verdad que a éste lo importará poco esa decisión, pero sí la sentirán jugadores como Medvedev, Sabalenka o Kasatkina, destacados tenistas que ocupan los primeros lugares de la clasificación mundial.
 

Wimbledon es también el “torneo de las fresas con nata” y otras peculiares connotaciones que lo hacen diferente al resto. Su antigüedad, su organización y su prestigio lo convierten en el torneo que a todo jugador de tenis, aficionado o profesional, le hubiera gustado ganar. O así lo pensamos, desde nuestra admiración.

Eterno Wimbledon