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El Eintracht celebra el gol que ponía el empate en el marcador | efe

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Eintracht de Frankfurt 1-1 (5-4) Glasgow Rangers


Peleas y escarceos aparte, que los hubo por las calles de Sevilla entre aficionados alemanes y escoceses, había curiosidad por saber cómo se comportarían los equipos sobre el verde del Sánchez Pizjuán.


Hasta tres estadios como el sevillista, con capacidad para unos cuarenta mil espectadores, podrían haberse llenado con los aficionados del Eintracht de Fráncfort y del Rangers de Glasgow que se desplazados a Sevilla, pero solo 40.000 fueron los privilegiados que pueden estar en sus gradas para un partido entre dos históricos del fútbol continental.


Horas antes

Todo esto quedó patente desde varias horas antes de la final, cuando se empezaron a abrir los perímetros de seguridad para que los aficionados fueran accediendo al estadio, no si antes pasar por puntos de cacheos para evitar introducir al campo objetos prohibidos para tener la ‘fiesta en paz’ dentro del recinto. Además del despliegue en el estadio, el operativo también contempla una mayor presencia policial en las ‘fan zones’ habilitadas para ambas aficiones, aunque, ya dentro del Sánchez-Pizjuán, se vivieron los típicos momentos preludio de un partido grande, con la concentración del color azul en un sector de las gradas y el blanco en el otro y con el cruce de cánticos.


Mejor los alemanes

Después llegó el partido, del que posiblemente se esperase un poco más, en general, viéndolo como una final, pero precisamente hay encuentros que los dos quieren ganar y, a la vez, no quieren perder.


La primera parte fue de dominio alemán con alguna tímida alternativa en ataque de los escoceses como un cabezazo de John Lunstram o un disparo de Ryan Kent que se fue alto, aunque las ocasiones de los francforteses no se materializaron por la actuación del meta Allan McGregor o por la falta de acierto de los disparos de Daichi Kamada, Angsgar Knauff, Djibril Sow, por dos veces, o Filip Kostic.


Lo cierto es que no hubo un fútbol trepidante, pero ambos equipos mostraron sus cartas desde el inicio, los alemanes con más autoridad.


Sin embargo el marcador no se movió ni para el lado de la balanza que más se inclinaba. Los dos contendientes firman tablas al descanso y las espadas seguían en lo alto en la final de la Liga Europa.


En la segunda parte ocurrió algo parecido, el cuadro germano salió con más autoridad y siempre buscó con más anhelo la portería de McGregor.


Pero a los 57 minutos apareció Aribo para romper el dominio teutón y anotar el 0-1 que ponía a los escoceses por delante. La efectividad del conjunto de Glasgow aparecía en un momento crucial que obligaba más al Eintrach a lanzarse a por la meta rival.


Conseguía el premio a su actitud ofensiva a los 69 minutos por medio de Santos Borré, un empate que hacía justicia y enviaba el partido a la prórroga.


De hecho, los dos entrenadores, a tenor de sus variaciones y sus cambios, parecían ver muy claramente que el partido se iría a la prolongación.


En la misma, siguió el dominio alemán en cuanto a proponer juego pero el cuadro escocés también defendió con oficio y buscó alguna salida. Los minutos fueron cayendo hasta enfilar el final del tiempo de prolongación, con los equipos ya fundidos y se desempató desde el punto de penalti. En la tanda de lanzamientos (5-4) vencieron los alemanes, ganando la ‘lotería’.

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