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Coraza interior

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Decía el pasado sábado Borja Jiménez, el técnico del Deportivo, tras la victoria ante la UD Sanse, que aún sufriendo tres jornadas sin ganar siempre había sentido la confianza del equipo y del club.


Que el mensaje interno había sido positivo a pesar de la derrota ante el Real Unión de Irún y que asumía con naturalidad las situaciones. Porque al final, aunque se mire para el banquillo, apelaba a que era más un debate externo que uno que se hubiese generado internamente.


Porque dentro, el míster de Ávila hablaba de una comunión, de una coraza interna donde están cómodos plantel y cuerpo técnico. Un entendimiento y una relación de puertas para adentro donde todos se sienten bien. Fundamental que exista y clave de un éxito y de un compañerismo evidenciado en un abrazo colectivo, banquillo incluido, en el gol de Miku.


Porque más allá de debates externos y de viejos fantasmas del pasado, la realidad es que el Deportivo ha demostrado una unión importante tras este ‘bache’ y no parece que se vaya a dejar amilanar a las primeras de cambio.


Algo que supone una buena ganancia, después de muchos años en los que, al primer traspié, parecían resquebrajarse todos los cimientos y el proyecto se venía abajo.

¿Quizá estaba hecha la base de un castillo de naipes? La realidad es que ahora se vislumbra, al menos desde fuera, una solidez que antes era complicada de atisbar cuando pintabas bastos en el Deportivo.


Mientras exista esa coraza interna y las cosas estén claras en la caseta y el plantel no importan los vaivenes, que los habrá, durante la temporada, porque la fortaleza del equipo, unida al apoyo incondicional de la grada, podrá con todas las adversidades.

Coraza interior