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El criterio del VAR

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El Atlético de Madrid se ha llevado justamente la Liga y sólo queda felicitarlo. Se mantuvo líder durante buena parte de la temporada y fue capaz de superar el bache de hace un mes (con la inestimable colaboración de Real Madrid y Barcelona, hay que decirlo). Ello no quita para que haya habido comentarios acerca de la influencia de los árbitros en las decisiones de ciertos partidos. Pero eso ya es cuestión del mayor o menor forofismo de los aficionados.


Los que no deben ser forofos son los propios árbitros, cuyas decisiones tendrían que buscar la mayor claridad posible para los aficionados.


Pero la realidad dista mucho de ello porque la autocrítica no está entre sus principales virtudes. Escribíamos al final de la pasada temporada, primera de la aplicación del VAR en nuestro fútbol y que ha provocado un caos en muchas interpretaciones del juego: “Esperamos ya, ansiosamente, la rueda de prensa de final de temporada de Velasco Carballo, para que nos explique la cantidad de aciertos que han tenido esta temporada los árbitros y el nivel casi inigualable que han mostrado, antes de que busquemos la manera de escondernos debajo de la mesa para taparnos de la vergüenza ajena que nos da, esa misma vergüenza que a alguno de ellos les falta en determinadas ocasiones”. Eso vale también para este año.


Hay que recordar que Velasco Carballo, en su última comparecencia, señaló el acierto de los árbitros en un 98,48 por ciento. ¡Que viva la autocrítica! Como si no se hubiera discutido nada durante la temporada que acaba de finalizar. ¿Cuándo nos van a explicar los motivos por los que unas veces se consulta el VAR y otras no? ¿Y cuándo van a tomar un criterio uniforme para el discutido asunto de las manos? Porque resulta que ahora hay manos por encima del hombro, manos por debajo, manos de rebote, manos que ocupan espacios vitales, manos en posición natural y en posición antinatural, manos de todo tipo y cada colegiado aplica un criterio distinto brillando por su ausencia la tan traída y llevada unificación de criterios.

El VAR ha sido muy ventajoso para los árbitros. Ahora no pitan penaltis por iniciativa propia, parece que no los ven. Ni expulsan a nadie.


Es como si no tuvieran criterio porque es más cómodo esperar a que el compañero/camarada te diga lo que ha visto por televisión y así te cubres las espaldas. Además ganan más dinero y todos los que se retiran quieren ‘heredar’ un puesto en la sala de arbitraje, que ha pasado a ser uno de los empleos más apetecibles.


Pues, nada, a tragar y a cobrar.

El criterio del VAR