Kyrgios y Djokovic, historia o diversión
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Kyrgios y Djokovic, historia o diversión


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Nick Kyrgios decía al inicio de la gira de hierba que en esta superficie está entre los cinco mejores del mundo. Fanfarronería, chulería. Palabras de un hombre acostumbrado a vivir en la polémica y al que nadie parecía tomarse en serio. Hasta que las dos mejores semanas de su carrera deportiva le han colocado en una final de Wimbledon contra Novak Djokovic.
 
Cuesta creerlo, pero este domingo Nick Kyrgios entrará en la pista central de Wimbledon para disputar la primera final de Grand Slam de su carrera. Qué ocurrirá a continuación es un misterio. ¿Saldrá con una gorra roja, rompiendo el código de vestimenta?, ¿montará algún circo en el partido?, ¿se enfrentará a Djokovic?, ¿rozará la descalificación?
 
Su torneo invita a pensar que no, o al menos parte de él. El australiano solo ha protagonizado dos escándalos en lo que va de torneo. En primera ronda escupió a un aficionado que le insultó y en tercera desesperó a un Stefanos Tsitsipas que le tachó de matón. Lo cierto es que su carácter se ha refinado (hasta cierto punto) y se ha ablandado al ver delante el premio que puede tener. Admitió estar más nervioso que de costumbre en cuartos de final (su tope en los Grandes) ante Cristian Garín y por eso no lazó ni un saque a cuchara.
 
La incógnita es qué hará en la final. Si optará por confiar en su tenis o por descentrar a Djokovic, o al menos intentarlo, con sus batallas con los jueces y consigo mismo.
Puede que ninguna de las dos le funcione, porque enfrente tendrá a un hombre que ha ganado en seis ocasiones aquí y que acumula 27 triunfos seguidos en estas pistas. Está a un partido de sumar su cuarto título seguido, algo que, en la Era Abierta, solo han conseguido Bjorn Borg, Pete Sampras y Roger Federer.
 
Djokovic, tras un torneo irregular, está de vuelta en su octava final en Wimbledon. Solo perdió la de 2013 contra Andy Murray. El serbio se ha dejado cinco sets por el camino, tres de ellos ante rivales muy inferiores a él y dos en la remontada ante Jannik Sinner, al que le levantó un 2-0 en contra.
 
No se ha visto al Djokovic más preciso ni más hambriento, pero no le ha hecho falta mostrar su mejor versión para disputar una final en la que es favorito y en la que tiene toda la presión por cercar a Rafa Nadal, que le aventaja en dos Grand Slams. Además, existe la posibilidad de que este sea el último 'major' de la temporada para él, ya que, por su decisión de no vacunarse y si las reglas de entrada a Estados Unidos no cambian, no podrá jugar en Nueva York.
 
Esta es su oportunidad para poner el 21 en su marcador y despegarse definitivamente de Roger Federe, que quedará como el tercero en la carrera. Se quedará, eso sí, a un título de los ocho de Federer en Wimbledon y a dos del récord de Martina Navratilova.
 
La historia está en juego para él, mientras Kyrgios disputa el partido que puede definir su carrera. "Hace no tanto pensaba en dejarlo y ahora estoy en la final. Ha sido una locura de viaje", expresó el de Canberra, que en marzo de este año lucía el peor ránking de su carrera (132) desde que llegó a cuartos de final en Wimbledon 2014 (144).
 
Tendrá al público a su favor, porque un Kyrgios campeón es el gran entretenimiento del aficionado al tenis, el que le ha mantenido libre de mayores sanciones por parte de la ATP. De no ser por la cantidad de gente que atrae, por su juego vistoso y el drama que le acompaña, nadie sabe dónde estaría hoy el polémico jugador.
 
"Es un tenista de grandes partidos. Se merece estar aquí y me alegro por él", apostilló Djokovic, que tiene la gran duda de no haberle ganado nunca, aunque sus dos choques fueron en 2017, hace una eternidad.
 
Solo una final entre Nadal y Djokovic podría haber eclipsado a la que este domingo disputarán Djokovic y Kyrgios, el partido que definirá el ganador entre la historia y la diversión.

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