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Fútbol moderno

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¡Qué tiempos aquellos en los que los espectadores silbaban las cesiones de los futbolistas a sus porteros! No hace tanto de eso, quizá unos treinta años o por ahí. Si los aficionados actuales pitaran esas acciones probablemente se quedarían afónicos porque el número de intervenciones de los porteros en el fútbol de hoy supera todas las previsiones. Se recuerda al respecto aquel dato en el que se reflejaba que Ter Stegen había tocado cincuenta y tantos balones durante un partido, más que un delantero cualquiera.


Esa es una muestra más de la “evolución” del balompié en los últimos tiempos. Hoy, todos los equipos juegan de manera parecida, tanto clubes como selecciones. Por eso no nos sorprendieron las sinceras declaraciones de Thiago Alcántara, en las que confesaba abiertamente que no le gusta el “fútbol moderno”. También hablaba el hijo de Mazinho de la desaparición alarmante del papel del “número diez”, otra prueba evidente de la pérdida de calidad del juego actual y la tendencia a la desaparición del fútbol creativo, que hombres que portaban antaño ese dorsal garantizaban de antemano. Gente con gran poderío físico y ciertas limitaciones, como el inglés Walker (que el otro día hizo dos cesiones al portero desde más de sesenta metros) son el prototipo de los futbolistas que ahora destacan.


Pero “con estos bueyes hay que arar” y lo cierto es que estamos en plena Eurocopa, en la que se confirma todo lo apuntado anteriormente, así como la casi desaparición del regate como forma de ventaja en el juego. Selecciones como Bélgica, Portugal, Austria o Francia, algunas con el cartel de favoritas, son claros ejemplos del fútbol actual (todo físico) y del tedio que, en general, provocan durante buena parte de sus partidos. Se necesita con urgencia algún entrenador “revolucionario” que le de una vuelta a todo esto y desvíe la trayectoria que está tomando el fútbol hacia propuestas más atrayentes.


Una vez soltado todo este “rollo” hay que decir que España, que se ha clasificado para octavos de final con un partido más que aceptable ante Eslovaquia y con el entorno cuestionando muchas cosas, es también otro ejemplo de ese fútbol del que antes hablábamos. A ver si esta goleada sobre la débil Eslovaquia afloja la presión sobre la figura de Luis Enrique (otro en el ojo del huracán) y deja avanzar al combinado nacional hasta hacer un papel más acorde con lo que representa el fútbol español en Europa. Pero no lo tenemos muy claro.

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