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Los gallegos se abonan al sufrimiento un curso más

La caída libre del equipo rojiblanco se ha agudizado tras los últimos duelos que ha jugado | CDlugo
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Una temporada más, el Lugo se ha abonado al sufrimiento, al dejar pendiente los deberes de la permanencia en la Segunda División estatal hasta los estertores del campeonato.


Ésta parecía la campaña de la tranquilidad para el conjunto gallego, a pesar de que comenzó en las posiciones de descenso. Había enderezado el rumbo, incluso llegó a estar en posiciones de playoff, con una renta de diez puntos respecto al descenso. Hasta que entró en barrena.


El segundo entrenador de la temporada, Mehdi Nafti, que había impulsado a los lucenses, fue destituido después de haber enlazado cinco jornadas sin ganar. Lejos de mejorar, la situación del equipo se ha agravado preocupantemente.


La caída libre se ha agudizado. Con Luis César Sampedro como entrenador son otros ocho partidos sin ganar, trece en total, y cinco derrotas seguidas después de cosechar un total de tres empates.

Desde la victoria del pasado veintitrés de enero ante el Tenerife en el Anxo Carro (2-0), el Lugo ha sumado cinco puntos de treinta y nueve posibles tras perder ante el Leganés, Oviedo, Almería, Sabadell, Las Palmas, Málaga, Mallorca y Alcorcón y solamente puntuar ante el Espanyol, Logroñés, Fuenlabrada, Girona y Castellón.


La actual situación no le resulta extraña al Lugo; al contrario, ha sido una constante en los últimos años. Así, el curso pasado obró el milagro de la salvación tras confiar el banquillo a Juanfran García a falta de seis partidos y el equipo, que estaba en posiciones de descenso, se salvó tras sumar cuatro triunfos y dos empates.


Una campaña antes confirmó la permanencia tras un cambio de entrenador a falta de siete partidos, los que quedan ahora mismo. Entonces, con Eloy Jiménez, cosechó dos victorias y cuatro empates que le sirvieron para salvarse.


La última campaña tranquila, también la más reciente con un técnico, fue la 2017-2018, en la que se mantuvo con cincuenta y ocho puntos. 

Los gallegos se abonan al sufrimiento un curso más