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Rol pernicioso

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C on la que está cayendo y por propia convicción, no se me ocurriría intentar menoscabar la libertad de expresión de nadie. Y ni mucho menos, la de un “ilustre intelectual” gallego. Pero con el mismo derecho a respetar las opiniones de los demás, uno considera tener la necesidad de poder contrastarlas, simplemente por mantener un respeto a los damnificados.


Estos días leía una entrevista realizada en un diario gallego, al mediático científico, Jorge Mira. El discurrir de la misma estaba basado en su perspectiva sobre el deporte, a nivel personal y global. El titular era tan expresivo, que me provocó una rápida atención: “El fútbol juega un rol pernicioso”. A continuación exponía, en medio de las preguntas del periodista, su gran capacidad para la práctica y disfrute del deporte. Para ello, utilizó argumentos para menospreciar el trabajo y el esfuerzo de todos aquellos deportistas que utilizan un balón, como “herramienta de trabajo”.


“No me gustan los deportes de pelotas. A mí me gusta competir contra otros, por superarme a mí mismo. Pero los deportes de equipo, consisten en meter un balón en un sitio. Ahí el protagonista es la pelota. A mí me gusta que el protagonista sea el deportista. “No me queda mucho tiempo para practicar y verlo, pero cuando puedo sí que me gusta, lo único que no soporto es el fútbol. Creo que juega un rol pernicioso, reprime recursos de otras disciplinas. No me parece justo que no se le dé mérito a gente de otros deportes”.


Señor Mira, no salgo de mi asombro. Entiendo que su capacidad mediática, sin precedentes, a la hora de exponer cuestiones científicas, le hace perder el equilibrio de análisis de la vida real y en este caso, deportiva.


Declarar su simpatía por la actividad física y al mismo tiempo “crucificar” al fútbol, me parece un anacronismo. El deporte con el mayor número de licencias a nivel categorías inferiores… ¿Representa una lacra social?. Los futbolistas, por tener un balón como referencia… ¿son un rol pernicioso?.


Tiene plena libertad para competir como y contra quien quiera, pero decir que el fútbol y su entorno, no reconoce los méritos de Gómez Noya, Iván Raña, María Vilas o Bea Gómez… Es mucho decir. Como ejemplo de identificación… en innumerables ocasiones pudimos ver como en los distintos estadios, en los prolegómenos y descansos de los partidos, se rendía tributo a exitosos deportistas.


Vivimos tiempos convulsos, donde el desarrollo del trabajo colectivo es fundamental para superar las dificultades, lo estamos viendo en el día a día. Los valores que aporta el deporte grupal, como el individual, son fundamentales para educar a las nuevas generaciones. Apoyarse en el compañero o compañeros para ser más fuertes, mucho más solidarios. En definitiva… el deporte del balón une, su gente nunca será perniciosa.


Cambio de tercio y aunque en este caso sea doloroso, hay que hablar de la realidad del Deportivo. Que tremenda desilusión la vivida en tierras ferrolanas. Tenía la intuición de que la trayectoria tornaría a una versión exitosa. Pero nada, el fracaso se volvió a producir. Todo puede ser peor y no se puede arrojar la toalla. Cada partido de los que quedan, será una lucha contra sí mismo. Poco se puede decir. Lo que más pena me da de todo esto, es que se está produciendo con “nocturnidad y alevosía”, es decir, sin que la afición pueda exteriorizarse desde el graderío. Yo creo que otro gallo cantaría, nada iba a ser igual. Ante el Pontevedra se juegan algo más de tres puntos. Su conciencia está servida.

Como siempre un placer. 

Rol pernicioso