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La leyenda que no cesa

Brady alza un Vince Lombardi Trophy conquistado con una monumental labor de equipo de los Buccaneers | erik s. lesser
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Cuando Tom Brady está en el campo, hasta lo imposible es posible. Como que Tampa Bay Bucaneers, que pese a jugar en su estadio partían como no favoritos, ganen el partido por el título con una autoridad insultante (31-9).


El veterano quarterback, de 43 años, fue la cabeza visible –siempre lo es– de un equipo que rayó la perfección por todas las esquinas, ayudado, en parte, por las importantes bajas de Kansas City Chiefs en su línea ofensiva.


La defensiva de los Bucs convirtió la SB en un martirio para Patrick Mahomes, a quien también le fallaron los compañeros. El texano no pudo hacer más; jugó todo lo bien que se podía en esas condiciones.


Errores propios y ajenos

Después de un inicio frío de ambos, Kansas City Chiefs se adelantó por 3-0. Y ahí se acabó el mejor equipo de la liga regular. Varias penalizaciones –algunas dudosas o directamente inexistentes– alfombraron el camino a los Bucs, que se encontraron con regalos cuando más lo necesitaban.


Como cuando Tyrann Mathieu interceptó un pase de Brady y la acción quedó anulada por un holding de un compañero. Otra falta en el field goal dio a TB la oportunidad de seguir jugando. Y Brady conectó con su fiel Rob Gronkowski, que ya había anotado el 7-3, para hacer el 14-3.


Los Chiefs descontaron, con otro tiro a palos, a solo 61 segundos del descanso. Bruce Arians se la jugó. Y le salió redondo... gracias a otras dos faltas del rival. La segunda, una interferencia de pase imaginaria, puso a los Bucs en la yarda. Un pase de Brady a Antonio Brown, con solo seis segundos en el crono, mandó el partido al show del parón con 21-6.


Arrancaron los Chiefs con otra luz en la segunda mitad, pero solo les valió para anotar tres puntos (21-9). En la siguiente posesión, dos errores defensivos graves facilitaron que Leo Fournette, corriendo como si no hubiese nadie más en el campo, firmase un nuevo touchdown (28-9).


Adiós a los Chiefs, obligados a arriesgar más de la cuenta. Fruto de ello llegó una intercepción a un Mahomes desesperado por tantos pases no atrapados por sus receptores. Un mal snap muy cerca de la end zone –Brady fue capaz de recuperar el fumble– quitó a los Bucs la opción de anotar otro TD. Hubieron de conformarse con tres puntos, un botín nada desdeñable porque ponía la distancia en tres anotaciones (31-9).


Impotencia y fantasía

Así languideció el tercer cuarto. Y la Super Bowl LV. El último periodo no tuvo más interés que ver si los campeones salientes serían capaces de alcanzar la zona de marca y no quedarse sin un solo TD que echarse al coleto por primera vez de que Mahomes asumió la dirección del equipo.


El quarterback texano ofreció dos pases de fantasía, con media defensa rival encima, que, como no podía ser de otra manera, su receptores no fueron capaces de capturar. Sí lo hizo, en el drive final, Devin White, el fabuloso linebacker de los Buccaners, que con esta intercepción cerró un partido sensacional a nivel individual y, de alguna forma, reivindicó el papel determinante mucho más que el de un Brady que suma siete anillos en diez SB disputadas.


Un Brady que, gracias a su línea ofensiva, más que posiblemente el auténtico MVP del encuentro, pudo moverse como Pedro por su casa. Un ‘front seven’ que abrió innumerables huecos para que los corredores (Fournette y Ronald Jones II se pusieron las botas) erosionasen y abriesen la defensa de los Chiefs y la leyenda que no cesa pudiese lanzar cómodamente a sus receptores.


Cuando la leyenda supera la verdad, publica la leyenda. La prensa estadounidense, responsable del 80% de la elección del MVP, lo tuvo clarísimo. 

La leyenda que no cesa