miércoles 18.09.2019

Cuando se apagan los focos

A raíz del fallecimiento de Blanca Fernández Ochoa y las declaraciones del siempre controvertido José María García se ha vuelto a poner en tela de juicio el cómo se cuida a nuestros deportistas una vez que se terminan su carrera. La de la esquiadora fue breve y prolífica, pero el periodista afirmaba estos días que su situación era complicada, que había pedido trabajo en la Federación y que había recibido un portazo.

También estos días se ha hablado mucho de las supuestas presiones a Blanca cuando competía: En los Juegos anteriores a ganar el bronce queda primera en la primera manga. Y entre manga y manga un altísimo dirigente del deporte español, que no doy su nombre porque ya no vive, le hace una presión terrible diciendo que no puede caerse, que “debe sacar una medalla”, indicaba García esta semana.

Sea como fuere, lo que está claro y lo hemos vivido con otros deportistas de élite que se han retirado es que la transición es dura. 

El paso de una vida dedicada al alto rendimiento, a la constante mejora, a la búsqueda de objetivos, a la competición a una más ‘mundana’, más convencional no es un paso más.

Tampoco las instituciones ayudan. Muchísimos deportistas tienen que compaginar deporte y estudios, pues su carrera profesional además de corta no les va a permitir vivir holgadamente. Las becas no es algo accesible a todos y solo sus familias y allegados saben los ingentes esfuerzos que hacen para lograr sus metas. 

La punta del iceberg de penurias, de trabajo, esfuerzo, sudor, lágrimas y privaciones para llegar a unos Juegos Olímpicos, a un Mundial, a un Europeo donde todo se decide en segundos.

Y llegas allí, y ganas, y te cuelgas la presea al cuello. Y todas las miradas están puestas en ti. Las fotos, los reconocimientos, las recepciones, los actos protocolarios, las entrevistas en los medios, los perfiles, los reportajes… Pero, ¿qué pasa cuándo se apagan los focos? Pues que te quedas solo, que ya nadie se acuerda de ti, que vuelves a empezar, a contar los días para el siguiente reto, si es que antes una lesión no te ha apartado para siempre de la competición (todos recordamos, por ejemplo, a Yago Lamela).

Pero no hay que irse muy lejos, tenemos el ejemplo de la taekwondista Estefanía Hernández, oro y bronce en los Europeos de Roma y San Petersburgo, y tercera en el Campeonato del Mundo de Dinamarca de 2009, a la que una lesión la obligó a tener que dejar su brillante carrera deportiva y a reinventarse.  Una deportista de élite, educadora social y con un postgrado, que en una entrevista publicada en 2014 en este diario reconocía que la transición no había sido fácil.

Y tantas otras historias, que no sabemos o que de momento no han salido a la luz que temen ese momento, en el que se apagan los focos.

Cuando se apagan los focos
Comentarios