martes 27/10/20

Abandonados a su suerte

El deporte no profesional se está dando de bruces con una triste realidad: el abandono de las instituciones deportivas. Se mire como se mire está lleno de despropósitos. Un ejemplo es la liga EBA de baloncesto, categoría nacional amateur pero federada y la que la FEB, del reelegido Garbajosa, maltrata. El ente federativo proveerá de test a los equipos las tres primeras jornadas y después serán los clubes los encargados de realizarlos o, si lo prefieren, firmar un documento que exima de responsabilidad a la FEF en caso de contagios.
Lavarse las manos como premisa ante la situación de indefensión de los clubes y los deportistas. Conocíamos esta semana la historia de uno que tendrá que dejarlo debido a la pandemia. El jugador del Dicsa Modular Cisne, David Chapela, decidió abandonar la disciplina blanca y el balonmano debido al avance de la pandemia de Covid-19 y la imposibilidad de compaginar las consecuencias de de la misma con su vida laboral fuera de la pista.
Chapela tomó esta complicada decisión después de que el equipo pontevedrés se tuviese que confinar, tras los 16 positivos de su rival, el Cuenca. Malas noticias para el Cisne, tras su logrado sueño de debutar en la Asobal.
Una semana marcada también por la imagen del fútbol sala en categoría femenina, cuando la reivindicación de un equipo reclamando protección en el deporte (no se exige ni mascarilla ni test) fue aprovechada para que su rival marcase un gol.
Ante la división de los clubes, está la victoria de las instituciones que miran para otro lado. El CSD, tan digno en su protocolo (para el que necesitó ayuda ante su ineptitud) que deja al libre albedrío que cada comunidad imponga sus normas. Galicia obliga a hacer test a los deportistas no profesionales venidos de equipos foráneos (lo tuvo que hacer, por ejemplo, el Salamanca UDS) una decisión criticada por otras instituciones.
La cuestión es, ¿queremos que vuelva el deporte? Si la respuesta es afirmativa habrá que regresar con medidas, restricciones, cambios. Hacer como si no pasase nada es negar una realidad que nos golpea cada día. En manos de las instituciones está el proteger el deporte y a sus deportistas y no mirar hacia otro lado y ver como crece la división. Urge una normativa coral y conjunta, para todos. Ha llegado la hora de que los que mandan se mojen.

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