Jueves 24.05.2018
Rubén García
00:28
26/01/18

Gotas en el tintero (2)

APARTAR A UN FUTBOLISTA

Un entrenador echa de un entrenamiento a un futbolista, lo aparta del grupo. No es una decisión técnica más, es una decisión que suele ir acompañada de tensión y suspense. Y emergen muchas preguntas. ¿Por qué? ¿En qué momento? ¿Cómo? ¿Con qué fin? ¿Acierta o se equivoca? ¿Qué consecuencias tiene?

Gotas en el tintero (2)

¿Por qué? El entrenador aparta al futbolista porque no está contento con su rendimiento, con su actitud, con su comportamiento dentro o fuera del campo, con su conducta extradeportiva. Lo hace porque quiere demostrar que tiene liderazgo y autoridad sobre sus futbolistas. 

¿En qué momento? Habitualmente, en el momento 'éramos pocos y parió la abuela'. Los futbolistas suelen ser apartados cuando la dinámica general no es buena, cuando la situación clasificatoria está lejos de ser la esperada, cuando brotan diferentes escollos internos. El entrenador suele adoptar esta decisión cuando detecta problemas a nivel individual o colectivo en su equipo.

¿Cómo? De cara al público o en privado. Al entrenador puede interesarle castigar a un futbolista camuflando su sentencia. Con el fin de mantener la estabilidad de su grupo de cara al exterior, trata de evitar que llegue a medios de comunicación o aficionados. La otra opción es actuar ante cámaras, micrófonos, periodistas o aficionados, en muchas ocasiones de forma premeditada para que la decisión trascienda y tenga repercusión. 

¿Con qué fin? El míster puede apartar a un futbolista única y exclusivamente por el motivo que considere, excluyendo de su decisión al resto del grupo o, indirectamente, puede hacer partícipes a los demás jugadores. Echar a un futbolista puede ser castigo para uno y advertencia para todos los demás. El entrenador pretende manifestar, en la intimidad o con público, que tiene autoridad ante su grupo y ante su propia directiva, que tiene personalidad, que no le tiembla el pulso para tomar decisiones delicadas.

¿Acierta o se equivoca? No es lo mismo echar a un futbolista de un entrenamiento y que, al día siguiente, se reincorpore al  grupo que tenerlo apartado durante un tiempo considerable. ¿Cómo digiere la decisión la plantilla? ¿Y la directiva? ¿Lo asimilan como una muestra de autoridad respetando su jerarquía o creen que se ha pasado de la raya? Tal vez lo peor no sea que terceras personas se planteen si acierta o se equivoca el míster sino que se lo pregunte él mismo. 

¿Qué consecuencias tiene? Ningún entrenador pretende tirar piedras contra su propio tejado, pero una sentencia de este alcance podría perjudicarle deportivamente. Apartar a un buen futbolista la semana de un partido importante y dejarlo sin jugar podría debilitar a su equipo. ¿Y si le sale mal el toque de atención? ¿En qué lugar quedaría el entrenador? No sería descabellado pensar que muchos (aficionados o directivos) de los que se posicionaron con el técnico por echarle bemoles y apartar a un jugador retoquen su opinión para tildar de excesivo el castigo y más ante un partido clave. Hasta habrá quien lo clasifique como un capricho. ¿Y si le sale bien? No hay duda, saldría reforzado. Ganar suele reforzar siempre, pero más aún tras una decisión con tanta controversia.

Entiendo que si un entrenador echa de un entrenamiento o aparta a un futbolista es porque tiene el suficiente peso o la suficiente confianza como para llevarlo a cabo y, aunque a la larga pueda pesarle, la considero una postura valiente y respetable.

Gotas en el tintero (2)
Comentarios