Domingo 27.05.2018
José Luis Lemos
09:48
31/01/18

Pase a la red (3)

LA JERARQUÍA EN EL VESTUARIO

Lo recuerdo como si fuese ayer. Minuto 88, córner a favor ganando 1-0 al todopoderoso Getafe y los tres puntos un gran paso hacia la salvación. Mal lanzamiento y contraataque -hoy en día diríamos transición- brutal. Yo estaba al rechace y replegué como quien va a misa cuando eres niño; te llevan y tienes que ir. A mi lado pasó un compañero que rondaba los 35 años (once más que yo) como cuando pasas del final de la cena a la primera copa, con verdadera ansiedad. Llegó al punto de penalti de nuestro campo y abortó un pase atrás que tenía pinta de gol cantado y que estaba envuelto en aroma de descenso. Poco después llegó el final y en el vestuario, donde el protagonista de la acción salvadora y yo nos cambiábamos hombro con hombro, nos felicitábamos por la victoria. Al rato, el experimentado compañero se acercó a mi oído y, en un tono suave que se coló hasta mi bulbo raquídeo, me dijo: “Lemos, mi hijo come de esto, así que, cuando haya que replegar, tú, por lo menos, a mi altura". Me dejó tocado, me dolió y me hizo pensar mucho aquella noche. Con ese compañero compartí siete temporadas y cuando tocaba replegar lo buscaba con la mirada. Nunca jamás le gané en un repliegue, pero tampoco lo perdí.

Diez años más tarde, en el descuento de un partido crucial y con empate en el marcador, un imberbe compañero se filtró escorado en el área contraria, casi en la línea de fondo después de dejar descalabrados a dos rivales. Yo esperaba en el borde del área pequeña para empujar a la red un obsequio que nunca llegó. Mi compañero tiró casi sin ángulo y estrelló el balón en la base del palo. Me lo quería comer por aquello y casi me lo como cuando escuché la frase que salió de su boca: “Vaia xoghadón fixen". Ciego, me fui a por él mientras el portero rival sacaba de puerta y el árbitro pitaba el final. Recuerdo como aquel gran chaval entraba llorando en el vestuario y yo, en el papel de capitán autoritario, ni lo miré a la cara. Esa misma noche teníamos cena de Navidad y antes de sentarnos a la mesa tomé una cerveza con él y le expliqué con mejores palabras lo que significaba todo aquello. Le di un abrazo y allí se murió todo.

Cuento estas anécdotas porque últimamente echo de menos esa jerarquía que debe de existir en cualquier vestuario, que se puede ejercer susurrando, gritando o tomando una cerveza,. Echo de menos una jerarquía que enseñe el camino a aquellos que, por diferentes motivos, parecen no darse cuenta de la importancia de lo que se juega un equipo y un club que están muy por encima de todos. Desde ese punto de vista abro el debate:

  • Sigue gustándome más Andone por lo que hace que por lo que dice y, sobre todo, dónde y cuándo lo dice.
  • Renunciar a un cargo que se tiene es la definición de dimitir. Detrás de esa definición hay mil motivos y una dura decisión porque siempre hay otros mil para seguir peleando. Yo te entiendo, Tito Ramallo.
  • Si algo detesto del fútbol es que se hable más de huevos que del juego, de la intensidad más que de la táctica y del orgullo más que de la técnica. 
  • Leo que un joven árbitro se va llorando de un campo, agredido e insultado, otra de las cosas que detesto del fútbol.
  • ¿Se imaginan a Federer explicando que no ha ganado por falta de huevos, intensidad y orgullo? Pues eso.
  • Me gusta Krohn-Dehli. Lo digo hoy, aunque ayer ya era un cadáver en Twitter.
  • Coutinho me parece más escurridizo que Puigdemont. Y un gran futbolista.
  • He visto hace poco a un entrenador, después de empatar, dirigirse a la grada tocándose el escudo que luce desde hace un mes. No sé lo que hará cuando gane, pero si sé lo que no hará cuando pierda.
  • Hay mentiras dichas por jugadores que suenan a verdades y verdades dichas por entrenadores que suenan a excusa. La ley del fútbol.
  • En general no me gustan los periodistas y eso que tengo amigos periodistas. Es una contradicción, como querer ganar sin apenas tirar a portería. Puede pasar, pero no debería ser lo aconsejable.
     

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