domingo 29/11/20

No hay enemigo pequeño, pero...

Hace un par de semanas, mientras veía en televisión el partido entre el Deportivo y el Coruxo, estuvimos mandándonos mensajes en un grupo de whatsapp que tenemos unos amigos. En un momento dado, tras el gol de Lara y viendo que el equipo rival se lanzaba a por el empate alguien escribió “nos está dominando el Bayern de Coruxo”. Luego alguien comentó que nuestro siguiente partido era ante el Spartak de Guijuelo, otro comentó algo del partido ante el Olympique de no sé dónde… en fin, bromas sin ninguna mala intención ni menosprecio ante el rival. Simplemente nos estábamos dando cuenta de que los rivales ahora se llaman Coruxo, Guijuelo, ‘eterno rival’ B, etc. Nos pasa lo mismo que cuando bajamos a Segunda en 2011. Que se nos hizo muy raro pasar de ver al Madrid y al Barça todos los años en Riazor a ver al Guadalajara y al Alcoyano. Todo pasa por admitir la realidad y acostumbrarse. 

Esta tarde jugamos en Guijuelo, un lugar donde tienen los mejores jamones del mundo (hace pocos años lo plasmaron incluso en una simpática camiseta) ante un equipo local que ya es todo un clásico en la categoría. Nada menos que 15 temporadas consecutivas llevan los guijuelenses en Segunda B. Ni han subido ni han bajado ni han jugado fases de ascenso ni nada por el estilo. Y siguen jugando en su campo  de poco más de un millar de aficionados de aforo, con su tribuna principal, con un muro enfrente y con un césped artificial del que se ha estado hablando toda la semana. Y ahí es donde empiezan todos los temores. En el puñetero césped y en si el Deportivo se adaptará a él. Y para completar el cuadro, resulta que el Guijuelo lleva un año sin perder en su campo. Parece imposible que ganemos.

Vamos por partes. Efectivamente, el Guijuelo lleva desde el 10 de noviembre de 2019 sin perder en casa, pero no es menos cierto que la temporada pasada jugó su último partido un 7 de marzo y que hasta el 17 de octubre no había vuelto a disputar un encuentro en su campo. Es decir, que de los 12 meses sin perder estuvo 7 sin jugar, con lo que la racha no es tanto como parece. Eso sí, en esos 10 partidos marcó 18 goles y solo recibió uno, que tampoco es ninguna tontería. Pero claro, es aquí donde –sin menospreciar a nadie- vemos sus rivales de esos 10 partidos y nos encontramos al Izarra, el Leioa, el Tudelano, el Haro… y oigan, que estamos en Segunda B, pero seguimos siendo el Depor y ya solo por la plantilla que tenemos no nos debería amedrentar esa racha.

Y llega el turno del césped artificial. Esta semana el entrenador Rubén de la Barrera recordaba sus temporadas como entrenador local y también como visitante y hablaba acerca del tema del césped. Y creo que dio en el clavo: la calidad del plantel deportivista está muy por encima de este tema del césped artificial. Y yo pienso igual. Imaginen que se jugase en uno de esos campos que tanto abundaban en los 80, con el césped cubierto de barro, lleno de agujeros, de charcos y de bollos y con el público en la banda casi pegado al campo gritando y presionando durante todo el encuentro… 

Pues no, habrá unas 300 personas sentadas y separadas y con sus mascarillas, no habrá nadie en la banda y el terreno de juego será liso. Si todo va como debe y salimos con humildad y jugando como saben nuestros futbolistas, es decir, bastante mejor de lo que hemos visto hasta ahora, pienso que la victoria no se nos debería escapar. Ahora hay que demostrarlo, claro.

Y la semana que viene volvemos a Riazor. A ver si nos dejan ir a verlo. Ojalá.

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