Relevo cantado
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Relevo cantado


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RReconozco que afronto este artículo sin tener muy claras las conclusiones a las que quiero llegar. Porque no sé muy bien cuál es el camino adecuado que deberían de seguir los encargados de sacar a flote al Deportivo de la situación tan problemática que atraviesa en la actualidad. Desde luego, visto desde fuera, la entidad coruñesa parece un barco a la deriva, en el que los capitanes encargados de tomar las decisiones lo hacen siempre de forma equivocada. 

A nadie se le escapa que Anquela estaba sentenciado de antemano, máxime cuando un medio de comunicación de nuestra localidad avanzaba –sorprendentemente, antes del partido del pasado domingo- que el relevo estaba hecho pasara lo que pasara. Sonaba a filtración interesada para amortiguar el golpe posterior, y así ha sido.  Muchas voces se han hecho eco de esas infames charlas del director deportivo a los jugadores dentro del vestuario, a las que, de forma inaudita, no tenía acceso el entrenador del equipo. No se sabe si ese tipo de injerencia (y menosprecio) en la labor del técnico era conocida por el presidente Paco Zas; desde luego, tanto si lo sabía como si no, las medidas tomadas fueron las mismas: ninguna. Fue una reacción idéntica a la que tuvo en Mallorca –al final de la pasada temporada- cuando el anterior presidente saltó por encima de él para reunirse “con unos amigos” en el vestuario y él se quedó fuera. 

Paco Zas siguió fielmente el guión: ratificó a Anquela y a la semana y media se lo cargó. No hubo por medio un 6-0 y un 0-6; bastó con un 3-1 y un 0-0 para dar con los huesos del técnico andaluz en la calle y producirse así un relevo que se veía venir desde hace varias jornadas, a pesar de que sólo van diez. 

Y ahora llega Luis César. Pese a que todos han hecho hincapié en su veteranía en Segunda División –también la tenían Anquela y Natxo González-, reconocemos que no sabemos cómo se maneja en estas circunstancias y, sobre todo, al frente de un equipo que probablemente sea el más importante que ha dirigido a lo largo de su carrera como entrenador. Habrá que esperar algunas jornadas para ver si el efecto psicológico de su incorporación, y también el deportivo (“hasta que se apaga”, dijeron ya en la plantilla), surte algún efecto porque si por algo llega al Deportivo es por las urgencias que ya ven los directivos. Esto, naturalmente, no es Brasil –donde los relevos de entrenadores suenan casi a broma-, pero un cambio de este tipo en la jornada diez no hace presagiar que el nuevo técnico pueda durar hasta el final de temporada en caso de que no sea capaz de enderezar las cosas conforme han planeado los directivos (si es que han planeado algo).

Se busca, claro está, una reacción de los jugadores con este relevo, pero parece que una buena parte de la culpa de esta situación la tienen unos futbolistas cuya mayoría no parece alcanzar la suficiente categoría como para lograr los objetivos marcados. Y es aquí donde hay que cargar con determinación sobre los encargados de realizar la planificación de esta temporada, que, como ya hemos dicho en más de una ocasión, no erraron más porque no tomaron más decisiones. 

Ahora, con un futuro incierto a más no poder, cualquier seguidor sensato del Deportivo podría firmar la permanencia en Segunda División al menos esta temporada porque lo que no parece realista –a pesar de que la historia del club así lo determine- es que este año el equipo blanquiazul vaya a ascender de categoría. En todo caso, y dada la posición actual, podría ocurrir todo lo contrario.

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