JUSTIN GATLIN
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JUSTIN GATLIN


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Nos imaginamos que este nombre no les dirá nada, en principio, salvo que sean aficionados al atletismo. Justin Gatlin es el nuevo campeón del mundo de 100 metros, superando en la final, entre otros, al archiconocido jamaicano Usain Bolt, campeón de todas las pruebas de velocidad en los últimos años. No se trata, ni mucho menos, de un desconocido en el mundo de las pistas ya que hace tiempo que está en candelero, por unas cosas o por otras. Pero ahora, con 35 años, su figura ha cobrado actualidad al haber ganado su prueba y ser abucheado, tanto al producirse su victoria como cuando recibió la medalla de oro.

Según hemos leído estos días, Gatlin dio positivo ya cuando era junior. Alegó que estaba sometido a un tratamiento por un déficit de atención. Se le rebajó la sanción, no se anuló, por lo que al ser cazado en una segunda ocasión pudo ser catalogado como reincidente y podría haber sido suspendido a perpetuidad. Prometió colaborar en la lucha contra el dóping y sólo fue sancionado por cuatro años, tras los ocho que inicialmente le impusieron. 

Antes del dóping, Gatlin había sido campeón olímpico y campeón del mundo los años 2004 y 2005. Tras la sanción reapareció en 2010 y tardaron los buenos resultados, pero fue a partir de 2015 cuando llegaron sus mejores marcas de siempre (9-74 en 100 metros y 19-57 en 200). También se proclamó campeón mundial de pista cubierta en 60 metros y siguió manteniéndose en la élite los últimos años. 

Y ahora llegan las valoraciones. Los expertos no se ponen de acuerdo en su opinión acerca de si se mantienen los beneficios que obtiene un organismo después de doparse. Y, sobre todo, si los individuos aprovechan esos efectos cuando pasan tantos años como han pasado ahora (más de diez), suponiendo, claro, que el atleta no se haya vuelto a dopar al no haber habido ninguna señal de ello.

En primer lugar hay que discutir si puede ser permisible que un atleta que da positivo por segunda ocasión pueda tener la oportunidad de rehabilitarse de cara a la competición. Muchos podrían interpretar esa nueva ocasión como una burla a los competidores que se mantienen fieles a la legalidad de la competición cuando ya han gozado de la posibilidad de reintegrarse “limpios”. 

Y, en segundo lugar, en caso de que -como ocurre con Justin Gatlin- se dé el visto bueno a su reaparición, con todas sus consecuencias, tampoco habría que rasgarse las vestiduras y poner en solfa los posibles triunfos de una persona que a todos los efectos se ha rehabilitado. Lo cierto es que al atleta estadounidense le han seguido haciendo controles después su vuelta a las pistas y lo lógico es pensar que aquellos dopajes de 2003 y 2004 no tienen efectos en las competiciones de 2015, 2016 o 2017.

El propio Sebastian Coe, un destacado atleta de 800 y 1.500 metros en su época y ahora presidente del Comité Olímpico Internacional, mostró en su día el desacuerdo por la rehabilitación de Gatlin. Pero, una vez tomada la decisión, fue él mismo el que se encargó de colgarle la medalla de oro al cuello al polémico velocista. Debió de ser una situación de tensión para ambos, pero transcurrió dentro de la más absoluta normalidad. 

En este sentido también hay que destacar la reacción de Gatlin al cruzar la meta. Tan sólo dirigió el índice a su boca para mandar callar al público que lo abroncaba y homenajeó con sus gestos a Bolt, quien reconoció su victoria. Seguramente había pensado montar algún número para reivindicar su título. Pero, afortunadamente, el sentido común privó en él y tan sólo hizo unas declaraciones que ya fueron clarificadoras sobre su estado de ánimo: “He pensado hacer muchas cosas si ganaba, pero no me acuerdo de ninguna”, concluyó de la mejor forma posible para todos.

JUSTIN GATLIN

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