Viernes 16.11.2018
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La Tercera trata al Paiosaco como un equipo de Preferente

Nadie parece darse cuenta de que es una auténtica estupidez pensar que el Paiosaco no ha querido jugar el partido de la jornada 10 ante el Barco el pasado domingo. Es difícil creer que al equipo de Juan Riveiro le apetece chupar otras seis horas de autobús en diciembre o en enero. El conjunto verdiblanco tomó una decisión valiente: no formar parte de un paripé que podría haber significado una goleada en contra y alguna posible lesión. 

Juan Riveiro, entrenador del Paiosaco | raúl lópez
Juan Riveiro, entrenador del Paiosaco | raúl lópez

1. El inicio: la avería del bus y la comida
“El autobús nos deja tirados en As Nogais, a unos 22 kilómetros de Vega del Valcarce, aproximadamente a las 13.30 horas. El chófer se pone en contacto con la empresa de autobuses para que nos manden otro autocar de Becerreá. En ese momento la prioridad era la comida. La teníamos para las 14.00 horas ya que jugábamos a las 18.30 horas y lo importante era que comiesen los jugadores. Nos vino a buscar un bus desde Becerreá, trasladamos a los jugadores y empezamos a comer sobre las 15.15 horas”, narra Juan Riveiro, entrenador del Paiosaco.

2. La bodega y la llegada a Calabagueiros 
“Acabamos de comer, tratamos de volver a nuestro autobús y el primer chófer nos comentó que llegaría un mecánico con una grúa especial de su empresa. También nos avisó de que las puertas de la bodega no se podían abrir por unos componentes mecánicos y que habría que esperar a que llegase el mecánico. El presidente contactó con Diego Batalla, Secretario General de la Federación, y nos comentó que nos teníamos que presentar al partido en función del artículo 236 y emprendimos viaje hacia O Barco en todo momento en contacto con el chófer por si había noticias de la reparación del autobús. Llegamos a Calabagueiros a las 18.05 horas”.

El árbitro era partidario de suspender el partido, pero después no

3. Solo hay espinilleras para siete jugadores
“Allí el árbitro nos dice que intentaría que el Barco nos prestase una equipación y botas. Por la equipación no hubo ningún problema. Nos trajeron tres pares de botas y su delegado nos trajo otras de su campo de entrenamiento. Nos consiguieron unos guantes con dos agujeros. El árbitro era partidario de suspender el partido dada la situación, entró en nuestro vestuario y vio que solo hay dos pares de espinilleras. Nos dijo que sin ellas no nos dejaría jugar y aparecieron otros cinco pares de espinilleras que, según el delegado del Barco, eran de sus suplentes. El árbitro nos dice que siete es lo mínimo para jugar. De esos siete futbolistas solo dos tenían botas de tacos de aluminio y de esos 14 pares de botas había dos que estaban rotas o despegadas”.

4. El cambio de parecer del árbitro
“Al principio, con el árbitro se podía hablar y después se encerró en su vestuario y solo dejaba acceder al delegado. No escuchaba a nuestro presidente y no razonaba. En un principio era partido de suspender el partido pero después no. Se ve que alguien le dijo que había que jugarlo fuese como fuese. Contactamos con el mecánico y nos dijo que no podía abrir el autobús, que forzó la chapa, pero que no era capaz de acceder a la bodega. Nuestro presidente volvió a hablar con Diego Batalla y él le dijo que si no estábamos en condiciones de jugar que no lo hiciésemos. Decidimos que no eran condiciones de jugar. Podíamos jugar con siete pero, desde nuestro punto de vista, no se estaba aplicando el sentido común, que me parece lo más importante en este tipo de situaciones ni, para mí, tampoco el principio de equidad que dice que todos los equipos tienen que competir en igualdad de condiciones”.

Se nos sugirió que simulemos una lesión o que forzásemos una expulsión

5. Propuestas de adulteración
“Surge el esperpento. No voy a nombrar a quién, pero se nos sugiere que salgamos al campo, que simulemos una lesión o que forcemos una expulsión para quedarnos en inferioridad y perder por 3-0. No estábamos por la labor de hacer ningún tipo de teatro. Considerábamos que no estábamos en igualdad de condiciones para competir porque no teníamos nuestras botas, que era fundamental, pero aún así podíamos adaptarnos y salir con once, pero ni con eso porque el árbitro nos dijo que sin espinilleras no podíamos jugar y allí no aparecían espinilleras. Jugar once contra siete durante 90 minutos sería una goleada y decidimos no salir y que sea el Comité de Competición y que determine lo que sea y que se aplique el sentido común. Nosotros estábamos allí a instancias del Secretario de la Federación, el Paiosaco se presentó. Sin equipación y botas porque no tuvimos acceso a ellas, pero nosotros estábamos allí”.

6. Propuestas de adulteración
“Si al Barco le pasa eso al venir a Paiosaco, aparecerían más pares de botas porque nuestros jugadores las tienen en el campo y estarían dispuestos a dejárselas, como si hubiese que ir a casa a por ellas. El Paiosaco haría todo lo posible y puedo asegurar que el Barco saldría a jugar con once. El delegado del Barco nos sugiere que salgamos a jugar con espinilleras de cartón”.

6. Los ‘iluminados’ prepotentes
“Siempre hay iluminados que sugirieron que fuésemos a Paiosaco a por otras botas. Entiendo que los jugadores del Real Madrid tienen diez pares de botas, pero los del Paiosaco tienen dos o tres y estaban en la bolsa dentro del autobús”.

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