Martes 11.12.2018

“El equipo que quiere conseguir objetivos tiene que salir a por ellos”

Antonio Iriondo, el ruso para cada vez menos gente, superó un infarto que le ha hecho ver la vida de otra manera. Es el entrenador del líder, del Rayo Majadahonda, del que también es director de formación de la cantera. No trabaja la táctica, forma jugadores inteligentes.  Mañana visita O Roxo y no se fía del Cerceda.

Antonio Iriondo, entrenador del Rayo Majadahonda | Patricia G. Fraga
Antonio Iriondo, entrenador del Rayo Majadahonda | Patricia G. Fraga

¿Cómo se prepara un partido ante el último clasificado y un equipo prácticamente descendido?

La mayor motivación viene por lo que nos jugamos. Debemos darle importancia máxima al partido porque el Cerceda tiene buenos jugadores y empezó la liga muy bien. ¿Qué le ha pasado? No tengo ni idea porque un equipo se viene abajo por muchísimos factores, pero a mí me gustó mucho cuando vino a Majadahonda.

¿Qué le infunde respeto del Cerceda?

Creo que tenemos ser muy solidarios y no pensar que vamos a casa del último y que está todo hecho.

¿Existen los partidos trampa?

Los términos de ‘partido trampa’ son más periodísticos que ninguna otra cosa. Todos los partidos se pueden ganar y se pueden perder, independientemente de que un equipo se juegue más que otro y de la desigualdad en la clasificación. Todos los partidos son importantes pero, a veces, sin darnos cuenta, no se mantiene la tensión competitiva que se exige para ganarlos todos.

¿Teme relajación de sus futbolistas?

Estamos en una situación de privilegio, pero no hemos hecho nada todavía y es mucho lo que nos jugamos. 

O Roxo es un campo frío. ¿Beneficia o perjudica a su equipo?

A priori, el campo del Cerceda nos puede venir bien porque es grande y, la única vez que fui, el césped era una maravilla. Nosotros también estamos acostumbrados a jugar con poco público y no le damos importancia.

A falta de cinco jornadas para el final, ¿el objetivo del Rayo Majadahonda es ganar la liga?

A principio de temporada, el objetivo del club era mantener la categoría y el objetivo del equipo era mejorar cada día. A estas alturas de la temporada, por mucho que queramos seguir con ese objetivo, es inevitable que los jugadores quieran ser campeones por las pocas jornadas que faltan y por la situación de privilegio en la que nos encontramos.

¿Cuál era el objetivo clasificatorio de su equipo antes de empezar la liga?

Nunca trato de hacer conjeturas o hipótesis que se van a ir viendo en el día a día. La idea es mejorar en el día a día, pero ahora que estamos arriba y quedan solo cinco jornadas es difícil quedarse solo con el objetivo de la mejora día a día. Lo que tenemos que hacer es sacar lo mejor de cada uno para seguir en la posición en la que estamos.

¿No ser campeones sería una pequeña decepción?

Es posible. Cuando lo tienes tan cerca y no lo consigues, es una decepción porque a todos nos gustaría conseguirlo. Sabemos que no es nada fácil porque queda todo un mundo y somos un equipo modesto. Es más el premio que podemos obtener si lo conseguimos que la decepción si no lo conseguimos.

¿Nota que sus futbolistas tienen más autoexigencia por ser líderes?

Si hemos obtenido algún éxito –si se le puede llamar éxito a estar donde estamos– es porque los jugadores nunca han creído en nada más que no sea el momento. Nos hemos aferrado al proceso, al día a día. Sin tener memoria de pasado y sin pensar en el futuro. En situaciones como la que estamos viviendo, es difícil seguir manteniendo la concentración de lo que acontece en cada instante pero, si se piensa en algo que no se debe pensar, que son las consecuencias de ganar o de perder, sería salirse de lo que nosotros pretendemos, que es vivir en cada momento.

¿Es una mala noticia para Rayo y Fabril que el Fuenlabrada haya cambiado de entrenador?

El Fuenlabrada está en una muy mala dinámica de resultados cuando tiene una plantilla fuera de lo normal en esta categoría. Lo normal es que el cambio de entrenador le dé resultado porque también se esperaba esa reacción estuviera quien estuviera de entrenador. Nosotros no dependemos de que el Fuenlabrada mejore, dependemos de que nosotros estemos bien.

¿Cómo combate su equipo la tensión de encarar las últimas jornadas de liga?

Son experiencias nuevas. En muchos de los casos, estos futbolistas no han afrontado situaciones de estas características. Yo trato de encontrarle la naturaleza a todo esto. Si es natural haber llegado hasta aquí líderes porque lo hemos merecido, vamos a seguir como hasta ahora. A veces es complicado porque hay muchos agentes externos que están en la cabeza del futbolista que se pueden traducir en ansiedad. Ahora parece que te estás jugando mucho, pero te estás jugando lo mismo que en la jornada 3. Cuando está tan cerca parece que la concentración debe ser mayor y hay que tratar que no estén muy excitados.

¿Es el Rayo Majadahonda el equipo que mejor juega al fútbol de la liga?

No me quiero comparar con los demás. Cada uno juega con su estilo y todos son válidos. Esa es la grandeza del fútbol. Nosotros tenemos uno y ya quisiéramos que fuera perfecto. No siempre jugamos bien, pero nos salen buenas jugadas. Me agrada que los demás piensen que nosotros jugamos bien. Es una idea que queremos transmitir a los jugadores, que son los que disfrutan y sufren en el campo.

Para ganar en el campo del Rápido, ¿el Rayo Majadahonda tiene que cambiar su propuesta?

Yo no me atrevo a cambiar de propuesta. En el campo del Rápido, al ser tan pequeño, las líneas de pase están cerradas; al tener mucha goma y el bote no ser bueno, la velocidad en el juego decrece. El libro dice que allí hay que jugar directo, sobre la segunda jugada y sacarle el máximo partido a las estrategias. Es lo razonable. Nosotros no hacemos eso nunca, ya que si nos enfrentamos a un equipo que está acostumbrado a hacer ese tipo de fútbol -y es el que hay que hacer en ese tipo de campos-, seguramente estaremos perdidos. De hecho, allí perdimos. El Rápido es un equipo muy bien trabajado, que funciona muy bien y nunca hay que despreciar un tipo de juego, aunque no sea parecido al que tú buscas. Además, a ellos les da resultado porque es lo propio para jugar allí.

En el partido contra el Fabril en Abegondo, los ataques de su equipo fueron más rápidos de lo habitual. ¿Era ese el plan?

Aunque parezca extraño, no planifico lo que va a ocurrir. A mí me gusta tener futbolistas inteligentes, que decidan en todo momento y que conozcan el juego para poder aplicarlo según lo que requiera un partido. Si tú tienes una predicción de cómo va a ser el partido y luego es de otra manera, los jugadores se bloquearán y te dirán: “Míster, esto es de otra manera; ¿qué hacemos?”. Nosotros trabajamos sobre eso todos los días para que el futbolista sea independiente y colectivo. Quiero que el jugador tome decisiones permanentemente y eso abarca cada jugada y cada lectura de cada partido. Podemos hacer una visualización de cómo es el rival, pero el equipo siempre debe estar equilibrado y abierto para encarar cada situación. Hay partidos en los que parece que el equipo está desdibujado y eso nos hace darnos cuenta de que no estamos al nivel para manejar los partidos como nosotros queremos. El rival es una pequeña referencia. Lo más importante es el crecimiento individual de cada jugador para que hagan un buen trabajo colectivo.

¿Todavía le llaman el ruso?

Hay gente que todavía me lo llama, pero muy poca. Quizá en el Moscardó, equipo en el que empecé a jugar con 17 años. Fue allí donde me pusieron el ruso.

Hace dos años y medio sufrió un infarto. ¿Se toma el fútbol y la vida de otra manera desde entonces?

Cuando te ocurre algo de esas características, estás tumbado en la cama, te paras a reflexionar: “a muchas personas también les ha pasado y no están aquí como yo, que estoy empezando a salir de ello”. Desde entonces valoro mucho más cada momento que vivo. Quizá tienen que pasar esas cosas para darle la importancia que tiene cada minuto.

¿Cómo le dio por irse a Japón?

En aquella época, hace unos 20 años, la única categoría que había era la Primera División. Había también una liga universitaria, como en baloncesto en los Estados Unidos, que tenía una especial importancia. Entrenábamos cinco horas absolutamente todos los días. Tuve la fortuna de caer en un sitio maravilloso, en una universidad budista al sur de Tokyo. Da gusto trabajar con los japoneses. Fue una experiencia vital importante y en lo deportivo se nos dio muy bien porque fuimos campeones. Dos años después, cuando ya había Segunda División, me volvieron a llamar y repetí otra vez siendo campeón.

La temporada pasada dijo sobre el Racing: "se me hace difícil pensar que jugando así pueda subir”. Y acertó. ¿Siempre dice lo que piensa?

No soy políticamente correcto. Quizá no hay que decir todo lo que sientes. El año pasado hubo gente que se sintió molesta y es algo que me fastidia. A lo mejor les estaba haciendo un favor en ese momento. Nosotros perdimos contra el Racing y, tal vez, producto de la rabieta, dije lo que pensaba, pero no estaba alejado de la realidad. Puedo estar equivocado, pero creo que el equipo que quiere conseguir objetivos, tiene que salir a por ellos. A lo mejor alguien puede pensar que es falta de humildad y yo creo que hay una idea errónea de lo que se debe considerar humildad. Humildad no es sumisión y la humildad te hace ver la realidad tal cual es. Que la cuentes o no, es otra historia. Yo veía en ese momento que el Racing, con los jugadores que tenía y con la afición y el campo que tiene, tendría que atreverse a hacer cosas para ganar, no para no perder. Quizá tuve la torpeza de decirlo y hacer daño a alguien pero, esos que lo creían, después pudieron reflexionar y pensar: “a lo mejor tenía razón ese tío”.

Fue entrenador de Primera durante dos meses.

Es otro mundo. Estamos hablando de la mejor liga del mundo. Partía de la Tercera División y tuve la oportunidad de aprender un montón en muy poco tiempo. Cuando a mí me ofrecieron el equipo, no podía negarme. Ya ha habían pasado dos entrenadores por el primer equipo –Fernando Vázquez y Gustavo Benítez– y cuando quedaban muy pocos partidos, Ruíz Mateos, un tipo muy peculiar, dijo: “Antonio Iriondo lo va a sacar”. Y Antonio Iriondo no sacó nada, pero fue una experiencia muy buena para mí.

Los conocimientos que se adquieren entrenando en Primera, ¿solo sirven para Primera o también para Segunda B y Tercera?

Lo que se aprende en la esquina del barrio hace que crezcas.  Se pueden aplicar los conocimientos en cada categoría. A mí me vino muy bien.

¿Cómo compagina su cargo de director de formación de la cantera con el de entrenador del primer equipo?

Tengo todas las mañanas libres para trabajar tanto en un campo como en otro y, por la tarde, la cantera empieza a entrenar a las 17.30 horas y acabo a las 22.00 horas. Las dos primeras horas estoy con la cantera y después me voy a entrenar al primer equipo. Mi trabajo con la cantera es con los entrenadores, transmitirles una idea de trato, una idea de juego. Cada uno, con los jugadores que tiene, hace lo que puede porque el objetivo es formar y somos conscientes de las limitaciones que tiene un club que se nutre de los chicos de la ciudad que pagan una cuota. Nosotros no somos como un Deportivo, un Celta o un Real Madrid que tratan de captar a los mejores de cada ciudad o de otros sitios. Cuando tenemos un chaval con cualidades al que enseñamos bien, normalmente nos lo quitan y nosotros nos alegramos. Posiblemente seamos una de las canteras de Madrid que más jugadores ha dado a Primera División. Tenemos en el Real Madrid a Llorente y a Theo, en el Athletic a Lucas, a Munir en el Alavés, a Rodri en el Villareal, en el Nápoles a Pepe Reina…

Llama la atención que el líder de Segunda B entrena a las 20.00 horas.

La mayoría de los jugadores de la plantilla trabajan o estudian, exceptuando algunos que viven exclusivamente para el fútbol. Entrenamos a las ocho porque lo hacemos en la instalación del Atlético de Madrid y ellos copan las primeras horas de la tarde con sus equipos.

BRASIL DE LOS 70 Y JOHAN CRUYFF

“Me echaron de un equipo por jugar con tres defensas”

Empezó a interesarse en profundidad por el fútbol con Brasil de los 70 y Cruyff, en los 90, también le aportó mucho.

Tiene como influencia a la selección de Brasil de los 70. 

Me impresionó el manejo y la calidad técnica que tenían aquellos jugadores. Dentro de esa calidad técnica también tenían un espíritu colectivo muy importante. Había jugadores que podían hacer cosas por sí mismos y las hacían, pero lo más importante era el conjunto. Me llamó muchísimo la atención la forma de jugar a dos ritmos: uno de elaboración y otro de finalización. Creo que se adelantaron a un modelo de juego que hoy prevalece. Cuando empiezas a entrenar hay algo que siempre te marca -jugadores o estilos de juego- y Brasil de los 70 ha sido el equipo que más me ha marcado a la hora de entender el juego.

En alguna entrevista dice Cruyff le salvó la vida.

Yo soy un tipo joven –no lo digo por la edad sino porque tengo muchísimas ganas de seguir aprendiendo-, dejé el fútbol en el 82 y no me amparé para nada en lo que aprendí en los cursos de entrenador. Quise partir de una idea nueva y me planteé cómo se juega al fútbol y por qué. Descubrí que las batallas por el balón se hacían en el centro del campo y me propuse meter más gente en el medio. También vi que los rivales jugaban con un punta o, como mucho, con dos y no le encontraba sentido a jugar con cuatro defensas; eran suficientes tres. Propuse unos sistemas que en esa época no se proponían y apliqué un 1-3-4-3 en un equipo de Regional. Ascendimos dos temporadas seguidas y cuando llegué a Tercera, con un presupuesto muy bajo y el objetivo de salvarnos, íbamos arriba y el presidente me decía que tenía que poner cuatro defensas. Por más que le explicaba, no había manera. Estábamos cuartos, jugamos contra el Toledo en su campo y nos ganaron. El presidente me echó porque jugábamos con tres defensas. Digo que Cruyff me salvó la vida porque cuando él llegó al Barcelona empezó a jugar con tres defensas con marcajes en zona, con cuatro en el medio del campo y tres arriba. Estoy totalmente convencido de que no me copió (risas). Simplemente es una similitud de ideas. De Johan Cruyff solo he podido aprender, y muchísimo, porque ha sido uno de los personajes que más ha aportado al fútbol. 

SU MÉTODO DE ENTRENAMIENTO

El Rayo llama la atención por su juego, pero su entrenador dice que no trabaja la táctica.

¿Cómo entrena el que para muchos es el equipo que mejor juega de la liga?

Tratamos de que el jugador sea inteligente. Nosotros prácticamente no trabajamos la táctica. Trabajamos los principios, algo que habría que trabajar con los niños desde pequeños, y la técnica, que es la herramienta. Y todo lo hacemos con alegría, algo fundamental. Nosotros estamos en el fútbol porque nos gusta, porque lo disfrutamos y, sin embargo, cuando empezamos a competir, sufrimos por ello. Es incomprensible. A veces, los partidos se hacen más complicados por diversos agentes o porque los contrarios te marcan, pero con nuestro estilo queremos que el jugador esté despreocupado de cualquier presión externa a lo que es el propio juego y que solo tenga la tensión competitiva adecuada. Eso lo trabajamos todos los días aplicando la intensidad con la que pretendemos jugar.
 
¿Por qué no trabajan la táctica?

Trabajamos los principios y uno de ellos es siempre el equilibrio. Eso obliga al futbolista a tener un conocimiento del juego independientemente del sistema y de la táctica porque tiene que estar siempre atento al instante, no a lo establecido. A lo mejor tiene cierta complejidad pero, de entrada, tienes que hacer sistemas que sean equilibrados y lo más complicado es que dinámicamente el equipo siga equilibrado. Para eso, el futbolista debe tener un conocimiento del juego, algo que, a veces, lleva muchísimo tiempo. Cuando coges chavales que llevan mucho tiempo trabajando de una manera, con un sistema y con movimientos mecanizados, es más complicado. Yo, en cambio, no les digo lo que tienen que hacer. Quiero que ellos lo descubran. Para eso trabajamos los principios, tanto defensivos como ofensivos. Cuando son ofensivos, hay que saber diferenciar cuando haces un ataque o cuando haces contraataque, ya que son principios diferentes y el futbolista debe reconocerlos. Sincronizar a once tíos, que tengan unas grandes cualidades técnicas y una inteligencia futbolística grande, no es fácil.

¿Le da más importancia a la fase ofensiva?

Si rompes tus principios defensivos, te van a ganar. ¿Qué más da que el rival plantee su juego de una manera o de otra si estás siempre equilibrado? Por eso el equilibrio y el conocimiento del juego es importantísimo, porque eres capaz de darle solución defensiva a cada situación. Lo importante no es que lo conozca yo, sino que lo conozcan los jugadores y eso es no fácil porque cada uno somos de nuestro padre y de nuestra madre y llevamos una carga de aprendizaje que no es fácil vaciar. Hay cosas que han aprendido que son válidas y otras no lo son y entorpecen los nuevos mensajes.

Los amantes del fútbol combinativo no suelen creer demasiado en el balón parado. ¿Es su caso?

Yo creo en todo lo que ocurre dentro de un terreno de juego pero, como hay tantísimo trabajo en todo lo demás que se quiere hacer, a lo mejor, utilizar un día entero para la estrategia, no merece la pena para algunos entrenadores. Sin embargo, hay estudios de Mundiales, por ejemplo, en los que más del 30% de los goles se han hecho en jugadas a balón parado. Fíjate si tiene importancia. ¿Se supone que entonces tendríamos que trabajar la estrategia más del 30% del tiempo de los entrenamientos? A lo mejor sí, pero cada uno tenemos nuestras tendencias y utilizamos el tiempo que nos parece oportuno para hacerlo y cuando no nos sale nos cabreamos con los jugadores (risas). Yo sí le doy importancia.

“El equipo que quiere conseguir objetivos tiene que salir a por ellos”