miércoles 18.09.2019

Nairo Quintana y el Movistar rozan un segundo Formigal

Gilbert se apuntó una etapa de absoluta locura, por el viento, que estuvo a punto de costarle el liderato a Roglic y colocó al boyacense segundo de la general
El belga Philippe Gilbert, el más listo del grupo de 26 fugados, superó sin problemas al irlandés Sam Bennett | Javier Lizón
El belga Philippe Gilbert, el más listo del grupo de 26 fugados, superó sin problemas al irlandés Sam Bennett | Javier Lizón

Nairo Quintana y el Movistar rozaron, camino de Guadalajara, un nuevo Formigal, la reedición de la etapa en la que el colombiano, a lomos de un desatado Alberto Contador, le birló la Vuelta 2016 a un Chris Froome al que los azules esperaban reencarnado en Primoz Roglic. El líder lo pasó mal, pero no fue su equipo, sino el Astana, el que le sacó del apuro.

Fue un día de locura por lo inesperado de la situación en la que parecía una de las dos etapas de transición que les quedaba a la Vuelta hasta llegar el domingo a Madrid. Pero se lio de inicio y las cosas ya no pararon hasta meta a un ritmo de locura, hasta el punto de llegarse Guadalajara con ¡una hora! adelanto sobre el mejor de los horarios previstos.

El belga Philippe Gilbert levantó los brazos tras 4 horas 20 minutos y 15 segundos a una velocidad media de 50,6 kilómetros por hora. Cuando la más optimista prevista por la organización para la etapa más larga de esta edición (219,6 kms), era el 40 por hora.

Una crono eterna

“Una crono de 220 kilómetros”, resumió Gilbert, quien, “en 17 años de profesional nunca había visto una etapa igual”. Un buen resumen de lo que ocurrió nada más salir de Aranda de Duero, por cuyas calles ya se tocó a rebato.

Gilbert, de 37 años, tiró de experiencia para imponerse con autoridad en la meta, tras responder a la arrancada lejana de Sam Bennett, el más rápido entre los 26 corredores que formaron la escapada definitiva.

A diez segundos de Gilbert llegó Quintana, que partía séptimo a 7:43 de Roglic. El retraso de 5.29 minutos en meta del grupo de favoritos dieron la vida al boyacense, con un espectacular salto al segundo puesto de la general a 2:24.

Cuando el crono marcaba un retraso de seis minutos el pelotón se inquietó. Jumbo y UAE empezaron a preocuparse y siempre a ritmo frenético fue condenado a perseguir a un numeroso grupo que volaba aún más, en ocasiones con el viento favorable.

Sálvese quién pueda

La etapa se convirtió entonces en una especie de inmensa crono por equipos dividida en dos bloques, un sálvese quién pueda contra el viento y una guerra sin cuartel. En el segundo grupo Roglic se quedó sin compañeros, lo mismo que Pogacar. Una situación con aroma caótico que libró el líder gracias al trabajo del Astana, tirando hasta cinco hombres.

En el negociado de la etapa el Deceuninck llevó la voz cantante, con De Clerq imponiendo un ritmo de locura que evitó ataques indeseados. A 2.200 metros de meta atacó uno de sus hombres, Zdenek Stybar, pero fue neutralizado por Bennett, quien arrancó de lejos para llevarse el sprint. Vio la maniobra Gilbert, el mejor clasicómano del ciclismo actual. Saltó tras su rival, le sobrepasó e igual que hizo en Bilbao levantó los brazos. Era su séptima victoria en la Vuelta y un aviso muy serio sobre su estado de forma para el Mundial del día 29 en Yorkshire.

Hoy, etapa de las marcadas en rojo, que llevará al pelotón desde Colmenar Viejo a Becerril de la Sierra, un viaje de 177,5 kilómetros salpicados con cuatro puertos de Primera: Navacerrada, la Morcuera, por sus dos vertientes, y Cotos, con la cima a 25 de meta.

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