Viernes 26.04.2019

Bienvenidos al ‘Infierno’

La París-Roubais, con 29 sectores y 54 kilómetros sobre adoquinado, es probablemente la prueba más dura de la temporada de clásicas

El legendario bosque de Arenberg es el primero de los tres tramos categorizados con cinco estrellas  | efe/yoan valat
El legendario bosque de Arenberg es el primero de los tres tramos categorizados con cinco estrellas | efe/yoan valat

Por algo se le conoce como la ‘Reina de las Clásicas’ o, un apelativo menos benevolente, el ‘Infierno del Norte’. Es, probablemente, la prueba más dura del ciclismo profesional. Y no lo es por desniveles imposibles o metros positivos de desnivel, sino por los sectores de maltrecho adoquín o ‘pavé’, como le llaman los franceses.


La París-Roubaix es una cita única en el calendario, no hay otra igual. Hoy cumple 117 ediciones con un recorrido ya conocido: 257 kilómetros entre la pequeña ciudad de Compiègne, una hora y media al norte de París, y el vetusto velódromo de Roubaix, localidad que hace frontera con Bélgica y se caracteriza por su pasado minero, el de toda la zona.

Y aquellos caminos de piedras que se crearon para los trabajadores de la mina y los ganaderos se recuperaron antaño para diseñar una carrera de locos. Bicicletas sobre piedras, ¿por qué no? Unos amigos del ciclismo clásico se dedican cada año a supervisar y arreglar cada uno de los tramos sobre adoquines por los que pasarán hoy los ciclistas.


En total son 29 sectores y 54,5 kilómetros de pavés concentrados en los últimos 150km de la etapa. El firme, irregular y peligroso, y el polvo o el barro, el segundo aparece en caso de lluvia, endurecen la clásica más deseada por los mejores rodadores del pelotón.


No estarán todos en la salida. Faltan Niki Terpstra, ganador en 2014 y tercero el año pasado que hace una semana sufrió una dura caída en la Vuelta a Flandes, y el prodigioso Mathieu van der Poel, estrella del ciclocrós que asombra en la carretera, pero que ha declinado la propuesta de la organización para participar.


No fallan los dos grandes dominadores del pavés en el último lustro: Peter Sagan, que defiende el título pero llega lejos de su mejor estado de forma, y Greg Van Avermaet, vencedor en 2017 pero que no tiene un gran equipo a su servicio.


Tratarán de aprovechar las dudas e incógnitas de Sagan y Van Avermaet una ristra de clasicómanos hambrientos de gloria. Es el caso de Wout Van Aert, otra joven estrella del ciclocrós y que se adapta perfectamente a las características del adoquín; el de Philippe Gilbert, que en su palmarés tiene tres de los cinco ‘Monumentos’ ciclistas, no así la Roubaix, la más deseada; o Alexander Kristoff, el fondista más rápido y que espera al acecho su gran oportunidad.


Sep Vanmarcke, Oliver Naesen, Zdenek Stybar, Kasper Asgreen, Tiesj Benoot, Magnus Cort, John Degenkolb, Jasper Stuyven, Matteo Trentin... Hay otros muchos nombres que han marcado el día de hoy en rojo en el calendario. Es la cita del año para los especialistas, pero la más impredecible. La fortuna y la pericia para evitar pinchazos y caídas son tan importantes como el estado de forma. El ‘Infierno’ espera.

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